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99. Fikuj. Despertarse en lugares que uno no espera forma parte del día a día de Fikuj. Desde que cumplió los 11 años, Fikuj no duerme nunca en la misma cama. Todas las noches termina durmiendo en un lugar diferente. Es una especie de nómada del siglo XXI. No es que no tenga casa, es que todos los días pasa algo que le impide dormir en su cama. Todos los días sucede algo que cambia el rumbo del día y termina durmiendo en cualquier lugar, menos en su propia cama. Hubo momentos en que decidió sacarla, pero al final, siempre tiene la esperanza de que su vida vuelva a ser normal y corriente y pueda dormir dos noches seguidas en el mismo lugar. Sin embargo, todavía eso no pasa. Parece que el sabor de la aventura es más fuerte que el de la rutina. Porque no hay forma de hacer para que se resista a las oportunidades de dormir siempre en diferentes lugares. Le pasó de todo. Desde dormir en la casa del presidente, hasta esa vez que durmió en el zoológico. No hay casi lugar horizontal donde él no haya dormido. Hay personas que no pueden salir de casa sin el móvil y la billetera. Para él, lo indispensable es un cepillo de dientes. Supongo que pese a que siempre quiere saborear la aventura, no quiere tener mal aliento por las mañanas. 100. Omiti Omiti es un tipo normal. Pero ojo cuando decimos normal como algo despectivo o mediocre. Omiti es un tipo que está a los mediados de los 40’s. Acaba de encontrar una paz que venía buscando hace mucho tiempo. Trabaja en un trabajo que pese a que le gusta lo que hace, no le gusta para que lo hace. Se tranquiliza pensando en que gracias a que él tiene este trabajo, puede ayudar a mucha gente a su alrededor. Gente que conoce, que quiere. Que no quiere dejar sola. No lo hace por ellos, lo hace por él. Le gusta saber que está ayudando. Lo llena. Le infla el pecho y lo hace irse a dormir con una sonrisa todas las noches. Normal. A quién no le gusta hacerle bien a la gente que quiere? Omiti tiene un hijo. Para él, lo mejor que le pasó en la vida. Le dio rumbo y lo obligó a ponerse las pilas y empezar a hacer en vez de decir que iba a hacer. Sumiti, se llama su hijo y es todo lo perfecto que alguien se pueda imaginar. Omiti lo sabe y se enorgullece cada vez que alguien habla de él. A pesar de que hace poco se dio cuenta que su hijo no era una extensión de él, sino un ser independiente. Parece fácil de entender, pero cuando sos padre, creeme que no es tan obvio. La vida le ha dado muchos amores a Omiti hasta que parece que finalmente encontró al que lo llena. Ella es todas esas cosas que él siempre quiso. Todo. Es como […]

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97. Zoot. Se puede decir que es buen tipo. Que es uno de esos amigos de fierro. Que la gente lo quiere. Que sus amigos lo quieren y respetan. Pero quizás todo eso se quede corto. Porque lo que hace Zoot, va más allá de la amistad. Es como que lo pone en otro lugar. Le da otra dimensión. Zoot tiene un amigo. Su mejor amigo. Alguien que conoce desde hace mucho tiempo. Años. Ya no se acuerdan si son amigos o hermanos. Los años se amontonan en la memoria y confunden todo. Menos, lo que le pasa cuando está junto a su amigo. No fue una cosa que pasó desde que se conocieron, fue una cosa gradual, que se supone, fue creciendo junto a la amistad. Mientras Zoot pasa más tiempo con su mejor amigo, más ciego se queda. La visión se va perdiendo a medida que más cosas comparten. Pasan las vacaciones juntos, pum! aparece la miopía. Ven el mundial juntos, zanga! El antimagtismo se hace cosa de todos los días. Se abren una empresa juntos y, pam! Llévate este glaucoma a casa. Ayer el amigo de Zoot lo invitó a ser el padrino de su primer hijo. Él, por las dudas, ya se compró los lentes negros. 98. Yepui. Todos somos héroes en un momento u otro. Nos demos cuenta o no. Pasa que a veces algunos hacen ese acto heroico frente a muchas personas y otros desde el anonimato. Esta es una de las cosas que pasan y dividen a los héroes. Los hay populares y los hay más íntimos. Yepui tendría unos 10 años cuando realizó su primer acto heroico. Estaba en el club. Un club normal, de gente de clase media, con gente como la gente. Era el aula de natación y él junto a sus hermanas, tomaban la clase. Por ser el mayor, llevaba un par más de aulas y consecuentemente ya había aprendido a nadar, mientras que sus hermanas menores todavía necesitaban de flotadores para poder meterse al agua. No había mucha gente en la piscina. Era un día de frío, así que habían faltado casi todos los de la clase. Eran el profesor, ellos 3 y dos chicos más, que tampoco sabían nadar. La clase estaba empezando y por eso, todos estaban sentados en la orilla de la piscina, con los pies metidos en el agua. El profesor, sacaba de a uno en uno a los estudiantes para poder dar una vuelta en la parte menos profunda de la piscina. Uno a uno iban saliendo. El profesor los sostenía junto con el flotador. Generalmente eran 2 profesores, pero este día de frío, con pocos alumnos, sólo había venido uno. Los primeros en la fila eran los chicos chicos, por lo que Yepui tenía que esperar a que todos nadaran antes que él. Los hermanos no tienden a sentarse juntos, es como que intentan disimular que son familia. Supongo que debe ser una forma inconsciente de supervivencia. Si no saben que somos […]

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95. Bitiki. Pasa del Alemán al Español. Del Español al Maorí. Del Maorí al Inglés. O al Esperanto, o al Mandarín, o al Zulú. Pasa del Catalán al Vasco o al Cordobés. Pasa del Angoleño al Afrikkans y cuando empieza la primavera, puede llegar incluso a pasar de Italiano, a Holandés y a Francés en menos de 5 segundos. Puede parecer una cosa curiosa, o mágica, como le gustaba decirle a su madre intentando calmarlo. Políglota temporal intermitente, le dicen, como para ayudar a que suene más importante o único. Como si ya no lo fuese. Sin embargo, Bitiki odia que cada vez que estornuda, cambie de idioma. No es algo fácil de seguir. No puede tener conversaciones. No puede ordenar fácilmente un pensamiento. Es el rey de irse por las ramas, pero de diferentes árboles. Encima, la alergia. La asquerosa alergia. 96. Emuti. Si pudiésemos girar al mismo tiempo que gira la tierra, pero en dirección inversa, nos quedaríamos en el aire en el mismo instante del mismo día, eternamente? Bueno, es más complejo que eso. La fuerza de Coriolis y la de la atmósfera tienen más que decir. Pero sin embargo, existe la posibilidad. La idea de que podemos crear una nave, globo, avión o lo que sea que se quede en el aire, movíendose de forma inversa a la rotación de la tierra y ahí, podemos vivir el mismo día indefinidamente. No es la inmortalidad, pero si es una pausa, por lo menos a los calendarios. Emuti trabaja en eso. Esta construyendo este artefacto. Un poco descreído por la comunidad científica y otro envidiado por ser semejante cabeza dura. El artefacto, lo que hace es generar un movimiento que se escapa de la rotación terrestre y de la fuerza gravitacional. El tema es tener en cuenta todas las fuerzas que hacen que no nos trague el tiempo, dice Emuti. Porque si no luchás, el tiempo te come y si te come, perdés. Ni idea si la máquina va a funcionar o no, pero creo que el simple hecho de querer hacerla ya combate una de esas fuerzas que chupan el tiempo y nos dejan con la sensación de no haber hecho nada.

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93. Sileti. El espejo te pinta tal como sos. Miedo a mirarte a los ojos. Miedo a perder la cabeza al darte cuenta que no sos vos ese que se refleja. Porque no tenés la perfección que querés. Porque no sos eso que tanto querías y buscabas. Ahí empiezan las quejas. Quejas que no terminan. Es que no tuve tiempo. Y si me dan muchísimo tiempo. Es que a mi me agreden. Es que nadie me quiere. Es que no puede ser. Es que es el país. Qué querés con esta gente. Y viene de familia, viste?. Obvio, si esto sólo pasa aquí. Sólo me puede pasar a mi. Es que estoy cansado. Es que no aguanto más. Es que así no se puede vivir. Es que así cómo querés que sea feliz. Porque si no me ayudan cómo hago. Porque al final no vale la pena. Porque con esta cara, qué querés que haga. Porque yo soy así y no lo puedo cambiar. Porque no da para más. Porque se me van escapando trozos de tiempo sin que me pueda comer nada. Sileti se queja. Se queja cómo se quejan todos. Cómo nos quejamos todos. Se queja de él, se queja de los que se quejan, se queja de la queja si es que eso se puede. Sale de casa, se siente solo. Se siente un poco tonto al no encontrarse con amigos en una ciudad que lo conoce desde que nació. Empieza la queja. Le gusta ir al mismo bar. Le gusta quejarse del dueño y de lo que le pasa. Pide cerveza fría. Pide siempre la misma y siempre se queja de que no se la ponen lo suficientemente fría que a él le gusta. Incluso cuando se congela, se queja porque se les fue la mano. Es un tipo al que le gusta hablar. De él. De sus cosas. De sus quejas. Habla y te engancha. Porque de tanto quejarse, aprende de muchas cosas. De muchos temas. Quejarse es una forma de aprender, dice y quizás no se equivoca. Sale a fumar. Se queja de que nadie tiene fuego. Enciende el cigarrillo y se queja de que no se enciende exactamente como a él le gusta. Parejo, pero no mucho. Esta mierda de cigarrillo. Las cigarreras no sólo nos matan, nos roban. La puta madre, no puedo dejarlo. Se queja de no tener fuerza de voluntad. De ser adicto. De que le enseñaron cuando era chico. Una novia que no sabía lo que quería y ahora él no sabe por que lo hace. Se queja de escuchar a su novia. De no ser tan macho como le gustaría. No llueve pero el tiempo parece estar tramando algo feo. No termina el cigarrillo. La queja viene por el lado de que nunca termina nada. Porque nada es lo suficientemente entretenido como para mantenerlo enganchado. Se queja de que le hecha la culpa a otras cosas. Se queja de que no tiene huevos de asumir sus limitaciones. Y […]

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91. Abtit. El hula hula se mueve alrededor de él de una forma casi hipnótica. Varios círculos que giran en torno a un cuerpo que hace pequeños movimientos, dándole cierto impulso a esos colores que van y vienen. A veces tose un poco, pero nada lo detiene de mantener esos hula hula en movimiento. Es que si paro, la vida para, te dice. Porque es algo que llama la atención el verlo ir para todos lados con los hula hula a su alrededor. Siempre que le preguntás que hace, te dice: Sintiéndome Dios. Es que Abtit cree que la vida es un círculo, un círculo en movimiento. En constante movimiento, rozándose con otras vidas para ganar más movimiento, para mejorar, para brillar más. La vida se mueve, es su forma de ir hacia arriba. Es un movimiento circular y espiral. Por eso, el genera vida con sus hula hula. Y no le importa de quién y para qué. Es vida, te dice, y la vida sola encuentra su propósito y camino. A veces se le complican cosas en esto de dar vida todo el tiempo, como por ejemplo ir al baño, cocinar o hacer el amor. Pero como él dice, uno se las arregla. La vida, se las arregla. 92. Herin. Puede que sea porque no viene de una ciudad con mucho verde. Una ciudad con una belleza o atractivo que la haga única y hermosa. Puede que sea porque viene de una familia normal, sin grandes locos ni grandes dramas. Puede que sea porque es un tipo normal. Medio pelo. Ni muy muy ni tan tan. Puede que sea porque siempre sintió que podía conectarse con otra cosa. Con otro estado más allá que el del día a día. Más allá del cartón pintado que nos venden todos el tiempo como si fuese importante. Necesario. Puede que sea porque nunca le vió la cara a la muerte. Puede que sea por tantos puede que sea. Lo que es, es que que está convencido de que puede convencernos a todos para que pensemos como él. Herin está total y absolutamente convencido que él puede hacer que todo el planeta piense de la misma forma que él lo hace. Y no estamos hablando de una ideología, no. Hablamos de la forma en la que ordenamos los pensamientos y los comunicamos. Está convencido de que puede lograr enseñarnos o convencernos, da lo mismo, de que todos tengamos el mismo proceso mental para de esa forma llegar a las mismas conclusiones. No es lo mismo que tener la misma ideología. Porque se puede creer en diferentes formas, pero llegar a ellas siguiendo el mismo proceso mental. Tampoco es lógica, porque la lógica sigue un paso después de otro, y no tiene en cuenta emociones. Lo que Herin cree y quiere que hagamos, es seguir una misma forma de llegar a las conclusiones. El proceso de llegar a una conclusión, no es simplemente racional. Es cómo intentar que una cosa que una persona tiene […]

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89. Utise. ¬Hubo un momento en que era como cualquier otro amigo. Uno de esos a los que le podés contar todo. Esos buenos amigos a los que uno les confía un hijo, dinero o una esposa. Como todos los momentos, son pequeños espacios de tiempo, hasta que las cosas cambian. Los momentos, son generados por impulsos. De tiempo, de voluntad, de coincidencias, de choques entre espacios. Utise tiene el problema que se enamora de las novias de sus amigos. Un día las cosas cambiaron y él se volvió completamente loco por la novia de su mejor amigo. Se pelearon y finalmente Utise se quedó con ella. Todo parecía normal, hasta que conoció a la novia de otro amigo y el ciclo volvió a empezar. Durante un tiempo, cada vez que él veía a la novia de un amigo, un amor instantáneo empezaba a invadirlo. No importaba si la novia era linda, fea, divertivda, aburrida o buena o mala persona. Utise quedaba completamente fascinado ante ellas y necesitaba que fuesen suyas. La cosa tomó un giro inesperado cuando un viejo amigo de la secundaria le presentó a su pareja, un tipo de unos 45 años. Fue como una especie de freno. De: hasta aquí he llegado. Finalmente encontré el fin de mi búsqueda. Y como dicen en los cuentos: Fue feliz por muchos, muchos años. 90. Iktoe. Llueve y Iktoe está feliz. Abre la puerta y camina hacia la calle con rumbo hacia el centro de la ciudad. Siente como las gotas le van pegando en la cara. Cómo se le resbalan por las cejas, la barba, los labios, los ojos. Intenta contarlas. Memorizar algo sobre cada una de ellas. Son muchas, pese a que no llueve tanto. Llega al bar. Se pide una cerveza fría. Rubia. De barril. No se seca la cara ni el pelo. Comienza a contar y nombrar. Lickta. Mushlania. Seppeli. Nuekta. Yumm. Tustia. Runne. Espuka. Wotia. Quisma. Alinati. Dusta. Fuggia. Gomuste. Hoscco. Juyto. Keto. Ñiñesio. Zustama. Xoniay. Cemine. Vedone. Bustia y la lista sigue y sigue a medida que va recordando como cada una de las gotas golpeaba su cara. Sus orejas. Nombrarlas para no olvidarlas. Porque semejante belleza no puede ser olvidada. Iktoe se bebe la cerveza mientras su piel se come las gotas. Pide otra, justo cuando entra un amigo y le dice, que ya paró de llover.

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87. Ukite. Abriendo un vino que se ha ajerezado, Ukite te lo cuenta sin ponerse tan nervioso. Me olvidé, te dice. Es como un pensamiento que no puedo dejar claro. Se me escapa. Empiezo y después no sé como sigue. A veces me pasa al revés, sé como sigue, pero no sé como empezarlo. Supongo que fue porque me daba vergüenza preguntar, me daba miedo sentirme el más tonto de todos y por eso no quería dejar en evidencia que no sabía. O peor aún, que me había olvidado. A veces olvidarse es peor que no saber. Y obviamente te dan ganas de preguntarle de qué se había olvidado. ¿Cómo no se lo vas a preguntar? Y pese a que le da mucha vergüenza decirlo, te lo cuenta. Me olvidé como masturbarme. Si, ya sé que parece imposible, pero creeme que me olvidé. Y me da vergüenza preguntar así que ahí voy. Inventando e intentando descubrir cómo era. Porque lo que me pasa y más me jode, es que como no me acuerdo como era, no se si como lo hago ahora está bien o no. Es decir que tengo que probar todas las formas posibles rogando que algo me haga volver la memoria del momento y ahí diga: Si, es esto. De momento, eso no pasa. Ukite es un tipo tímido, como la mayoría de los hombres. Olvidadizo, como la otra mayoría. Pero por sobre toda las cosas, nunca a va a preguntar como se hace algo, porque para eso somos hombres, para aprender a los golpes, o en este caso a las sacudidas. 88. Keloi. Adicciones hay de todos los tipos. Es una forma en la que la fuerza de voluntad pierde frente al deseo. O si lo querés ver de otra forma, es cuando nuestro verdadero yo, le gana al de mentira. Keloi es adicto. Adicto a sentir. Lo que sea. Necesita sentir cosas todo el tiempo. Dolor. Amor. Pasión. Aburrimiento. Miedo. Euforia. Celos. Confianza en si mismo. Dependencia. Culpa. Envidia. Pánico. Esperanza. Vergüenza. Estrés. Tristeza. Alegría. Rechazo. Atracción. Rencor. Admiración. Todo. Y como toda las adicciones, cada vez hay que subir más la dosis para que haga efecto. O combinarlas para producir efectos más intensos. Mezclar el beso más romántico del mundo y justo cuando los labios se separan, decir una frase que te rompe el corazón. Sentir asco por una persona y al mismo tiempo hacerle el amor con toda el alma. Reír a carcajadas con los ojos llenos de lágrimas por haber perdido todo. Avergonzarse de haber hecho algo terrible al mismo tiempo que se ilusiona por planearlo de nuevo. Hay quienes no entienden a Keloi. Hay quienes lo juzgan. Hay quienes no tanto.

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85. Mosui. Nos enseñan que se llaman deja-vú. Cuando vemos a alguien que ya vimos. Cuando sentimos que ya estuvimos ahí. Pero lo que nadie nos enseña es cuando nos encontramos varias veces con las mismas personas en un día. Hoy están sentados al lado de nosotros en el tren, más tarde nos los cruzamos en la calle y en dos días, en otra ciudad nos los volvemos a encontrar. Nos dicen que se llaman coincidencias. Sin embargo, para Mosui, el tema es simplemente falta de presupuesto de producción. Él llega a encontrarse hasta 7 veces en un día con las mismas personas. Va en el metro y la señora de saco a cuadros, es la misma que más tarde será la moza en el café donde pidió un café con leche. Unas horas después se la cruzará caminando por la calle y luego seguramente en el supermercado. Lo extraño, es cuando la ve salir del edificio de al lado o incluso, en un reportaje en la televisión. Esto le pasa a Mosui, todos los días. Su grupo de gente cambia cada mañana, pero a lo largo del día, se repiten constantemente. No todos obviamente, pero un gran porcentaje, entre unos 10 a 20 puede ser la media. Una vez los contó y llegó a 17. 17 personas que se encontró más de tres veces en el mismo día. Él cree que es porque su vida es tan simple que el destino no quiere invertir mucho en él e intenta tener una producción low cost. No se queja, pero a veces le gustaría tener una vida que cuide más de los detalles. 86. Jonet. No todas las frutas maduran al mismo tiempo. Incluso las frutas de un mismo árbol maduran de forma diferente. Saber cuando están listas es una cualidad. Una especie de don. Jonet tiene un don parecido. Pero con personas. Cuando él le pasa la lengua a alguien, sabe si está maduro. Es decir, que sabe si una persona logró su madurez en esa etapa de la vida. Por ejemplo, si le pasa la lengua a un niño puede saber si está listo para entrar en la adolescencia o todavía le falta aprender algunas cosas. Lo mismo con los adultos, con los ancianos, con los inseguros, con los inestables. Un toque de su lengua con la axila de la otra persona y él puede estar seguro si ella está lista o no, para su próximo paso. Una vez le preguntaron a que sabía la madurez y dijo que es un sabor un tanto amargo, pero con dejos de dulzura al final. Es un sabor que llena la boca pero no empalaga. Fantástico don. El tema es dejar que un extraño te chupetee la axila. Da un poco de asquito, ¿no? Además de que al mismo Jonet no le gusta andar lamiendo axilas de cualquiera. Pero pese a que todo tiene un precio, Jonet hace descuento a quien quiera pagar. En especial si son hermosas jovencitas de veintitantos.

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83. Fekit. Obviamente su mujer se opuso. ¿A quién se le ocurre construir su casa como un tren fantasma? La convenció diciéndole que así la relación siempre estaría viva y nunca se aburrirían. Su mujer, cansada de ver cómo sus amigas se separaban o divorciaban, pensó que quizás no era una mala idea. Negoció que si lo iban a hacer, ella podría decidir sobre algunos de los sustos que se darían. Él accedió. Al principio la construcción y la discusión sobre los sustos les llevaba todo el día y los mantenía interesados. Al poco tiempo las cosas se empezaron a normalizar y era de lo más común el estar hablando de fantasmas, zombies, monstruos, demonios o brujas. Se hizo cosa de todos los días. Cuando la estructura gruesa de la casa ya estaba hecha y empezaron a construir los rieles, fue que Fekit se dio cuenta que esa casa que él quería, ya no era tal cual se la había imaginado. En la puerta, él había imaginado una cara de un demonio y la entrada justo por la boca. Ahora era simplemente una doble puerta y en vez de ojos de demonio, eran simplemente ventanas. O al menos así lo veía él. Ya llevan años viviendo en esa casa, que según ella es un tren fantasma, pero para él, es una casa común y corriente, que no quedó como él quería. Eso sí, el trencito te recoge en la entrada y te deja directo en la cocina, sin antes pasar por el zombie decapitado y un Drácula que te saca los abrigos para guardarlos en la panza de un dragón que tira papel picado rojo. 84. Lireto. Una vez le dijeron que los de Aries eran obsesionados con la belleza. Que era una adicción. Pero Lireto no es de Aries. No. El simplemente se enamora de todo lo que ve. Lo encuentra fascinante. A todo le ve lo hermoso. Y no es que simplemente le gustan las cosas. No. Se enamora. El corazón le late más fuerte. Las pupilas se le dilatan. Se toca el cabello. Se pone un poco nervioso. Y le pasa con todo. Desde el vaso con vino que le ponen en el bar, hasta del mozo gordo y sucio que se lo sirve. Se enamora de todo. Muchos piensan que es un tierno. Que su vida debe ser una hermosura. Lejos de la verdad. Enamorarse significa involucrarse. Preocuparse. Querer estar tiempo con eso que nos roba el corazón. Y no siempre es así. Lireto sufre con cada separación. El pecho se le abre y el dolor se le mete como un alien, pero al revés. El dolor de la perdida le estruja el aire y lo deja paralizado. Lo bueno, porque siempre hay algo bueno, es que se vuelve a enamorar, y adolorido, vuelve a la batalla, una vez más.

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81. Dotei. El medico le dijo que no era fácil de explicar lo que le pasaba, por lo que se lo dijo así de directo, mirá, tu corazón late al ritmo de Beat-it de Michael Jackson. Se que parece loco, pero es así. Con el tiempo se acostumbró al tema, e incluso quiso hacerle juicio a MJ porque él nació antes que la canción, entonces su argumento era que el Rey del Pop le había robado la tan famosa melodía. Hoy en día ya no le presta demasiada atención, más que para intentar romper el hielo con alguna chica o hacer un truco en una fiesta. El tema es que la canción cada vez conoce menos y ya no hace tanta gracia. 82. Holit. Es un poco tarde para hablar de esto. En especial después de lo que pasó la semana pasada, pero en algún momento sabíamos que iba a pasar y lo teníamos que contar. Al principio, como en la mayoría de los principios, fue sin querer. Tenía poco tiempo y necesitaba hacer dos cosas a la vez, se dio cuenta que que era bueno y ahorraba el tiempo, por eso empezó a hacer varias cosas en simultáneo. Incluso podía tener una conversación y al mismo tiempo escribir una novela. Era un genio del multitasking, como se llamaba en esa época. Sin embargo, llegó a hacer hasta 5 cosas a la vez, todas con un nivel de calidad inexplicable. Un día, con unas copas encima y envalentonado por el alcohol, decidió que si era bueno para hacer varias cosas a la vez, por que no podía extender eso a otras dimensiones y por ejemplo, hacer cosas mientras dormía. Se propuso empezar por cosas simples, por ejemplo dormir mientras ordenaba su colección de libros de forma alfabética. Cuando se despertó, se dio cuenta que sólo había tirado los libros al suelo. Sin embargo, esto fue solo un comienzo y al cabo de unas semanas ya podía hacerlo perfectamente. Después empezó a aumentar las cosas que podía hacer mientras dormía y empezó a ser productivo 24hs del día. Como todo inconformista, ahora quería ir al próximo paso y después de leer un libro sobre la muerte y los fantasmas (mientras escuchaba los nuevos discos en Spotify y preparaba una cena) Se le vino la idea de si podría hacer dos cosas nuevas, porque si los fantasmas podían volver de la muerte, quizás el podría visitar la muerte y volver o estar en esos dos estados todo el tiempo. Al final, no era más que otra forma de multitasking. Lo primero era entender como hacer para entrar y salir de la vitalidad, después de leer, ver y escuchar (todo al mismo tiempo) todo lo que había sobre el tema, decidió que esa información, no era más que aleatoria y decidió hablar con una médium para que le explicara como hacerlo, pero desde los que están del otro lado. Después de varias charlas, decidió hacer los primeros intentos. (Para que no cualquiera pueda […]

Palabras que no hacen sentido ninguno, pero que me dan ganas de escribir. Intentando sacar algo que esta metido dentro de la cabeza. Algo que motiva a escribir sin parar, cuando te busco a vos. Cuando no me encuentro yo. Salir de paseo a encontrarme con mis propias palabras.

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99. Fikuj.

Despertarse en lugares que uno no espera forma parte del día a día de Fikuj. Desde que cumplió los 11 años, Fikuj no duerme nunca en la misma cama. Todas las noches termina durmiendo en un lugar diferente. Es una especie de nómada del siglo XXI. No es que no tenga casa, es que todos los días pasa algo que le impide dormir en su cama.

Todos los días sucede algo que cambia el rumbo del día y termina durmiendo en cualquier lugar, menos en su propia cama. Hubo momentos en que decidió sacarla, pero al final, siempre tiene la esperanza de que su vida vuelva a ser normal y corriente y pueda dormir dos noches seguidas en el mismo lugar. Sin embargo, todavía eso no pasa.

Parece que el sabor de la aventura es más fuerte que el de la rutina. Porque no hay forma de hacer para que se resista a las oportunidades de dormir siempre en diferentes lugares. Le pasó de todo. Desde dormir en la casa del presidente, hasta esa vez que durmió en el zoológico. No hay casi lugar horizontal donde él no haya dormido.

Hay personas que no pueden salir de casa sin el móvil y la billetera. Para él, lo indispensable es un cepillo de dientes. Supongo que pese a que siempre quiere saborear la aventura, no quiere tener mal aliento por las mañanas.

100. Omiti

Omiti es un tipo normal. Pero ojo cuando decimos normal como algo despectivo o mediocre. Omiti es un tipo que está a los mediados de los 40’s. Acaba de encontrar una paz que venía buscando hace mucho tiempo. Trabaja en un trabajo que pese a que le gusta lo que hace, no le gusta para que lo hace. Se tranquiliza pensando en que gracias a que él tiene este trabajo, puede ayudar a mucha gente a su alrededor. Gente que conoce, que quiere. Que no quiere dejar sola.

No lo hace por ellos, lo hace por él. Le gusta saber que está ayudando. Lo llena. Le infla el pecho y lo hace irse a dormir con una sonrisa todas las noches. Normal. A quién no le gusta hacerle bien a la gente que quiere?

Omiti tiene un hijo. Para él, lo mejor que le pasó en la vida. Le dio rumbo y lo obligó a ponerse las pilas y empezar a hacer en vez de decir que iba a hacer. Sumiti, se llama su hijo y es todo lo perfecto que alguien se pueda imaginar. Omiti lo sabe y se enorgullece cada vez que alguien habla de él.
A pesar de que hace poco se dio cuenta que su hijo no era una extensión de él, sino un ser independiente. Parece fácil de entender, pero cuando sos padre, creeme que no es tan obvio.

La vida le ha dado muchos amores a Omiti hasta que parece que finalmente encontró al que lo llena. Ella es todas esas cosas que él siempre quiso. Todo. Es como si alguien hubiese estado escribiendo todos sus requerimientos y se los pasó a la vida, para que ella la empaquetara y se la dejara en la puerta del destino. Normal.

Omiti no es un tipo de familia. O mejor dicho, no era. No es de extrañar mucho, porque se la pasa pensando ensimismado en su propio mundo. No es que no los quiera o no piense en ellos es que a veces, sus pensamientos lo hacen abstraerse del resto. Es que labura con pensar. No para de pensar. Todo el tiempo. Es como una droga que le llena la cabeza. Quiere pensar y repensar todo. No solamente el trabajo. Todo. La humanidad. La cultura. La vida. El universo. Los misterios. Ideas. De todo. No para de pensar, por eso a veces se cuelga en sus pensamientos y deja que todo lo que le pasa alrededor no sea visible para él. Normal.

Hay una canción de Peaches que dice “Fuck the pain away”. Omiti hace eso casi siempre. Pese a que muchas veces escribe o dibuja cosas que parecen dolorsas, él vive en un completo estado de felicidad. Porque se dio cuenta de todo lo que tiene hace mucho tiempo. Se dio cuenta que tiene una familia fantástica. Un hijo increíble. Un trabajo que no está tan mal. Amigos de puta madre y gente que lo quiere. Cómo no va a vivir feliz? Normal. Un tipo normal.

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97. Zoot.

Se puede decir que es buen tipo. Que es uno de esos amigos de fierro. Que la gente lo quiere. Que sus amigos lo quieren y respetan. Pero quizás todo eso se quede corto. Porque lo que hace Zoot, va más allá de la amistad. Es como que lo pone en otro lugar. Le da otra dimensión.

Zoot tiene un amigo. Su mejor amigo. Alguien que conoce desde hace mucho tiempo. Años. Ya no se acuerdan si son amigos o hermanos. Los años se amontonan en la memoria y confunden todo. Menos, lo que le pasa cuando está junto a su amigo.

No fue una cosa que pasó desde que se conocieron, fue una cosa gradual, que se supone, fue creciendo junto a la amistad. Mientras Zoot pasa más tiempo con su mejor amigo, más ciego se queda.

La visión se va perdiendo a medida que más cosas comparten. Pasan las vacaciones juntos, pum! aparece la miopía. Ven el mundial juntos, zanga! El antimagtismo se hace cosa de todos los días. Se abren una empresa juntos y, pam! Llévate este glaucoma a casa.

Ayer el amigo de Zoot lo invitó a ser el padrino de su primer hijo. Él, por las dudas, ya se compró los lentes negros.

98. Yepui.

Todos somos héroes en un momento u otro. Nos demos cuenta o no. Pasa que a veces algunos hacen ese acto heroico frente a muchas personas y otros desde el anonimato. Esta es una de las cosas que pasan y dividen a los héroes. Los hay populares y los hay más íntimos.

Yepui tendría unos 10 años cuando realizó su primer acto heroico. Estaba en el club. Un club normal, de gente de clase media, con gente como la gente. Era el aula de natación y él junto a sus hermanas, tomaban la clase. Por ser el mayor, llevaba un par más de aulas y consecuentemente ya había aprendido a nadar, mientras que sus hermanas menores todavía necesitaban de flotadores para poder meterse al agua. No había mucha gente en la piscina. Era un día de frío, así que habían faltado casi todos los de la clase. Eran el profesor, ellos 3 y dos chicos más, que tampoco sabían nadar. La clase estaba empezando y por eso, todos estaban sentados en la orilla de la piscina, con los pies metidos en el agua. El profesor, sacaba de a uno en uno a los estudiantes para poder dar una vuelta en la parte menos profunda de la piscina. Uno a uno iban saliendo. El profesor los sostenía junto con el flotador. Generalmente eran 2 profesores, pero este día de frío, con pocos alumnos, sólo había venido uno.

Los primeros en la fila eran los chicos chicos, por lo que Yepui tenía que esperar a que todos nadaran antes que él. Los hermanos no tienden a sentarse juntos, es como que intentan disimular que son familia. Supongo que debe ser una forma inconsciente de supervivencia. Si no saben que somos familia, no pueden usarnos para hacernos daño.

Cuando el profesor había sacado a dar la vuelta a la primera de sus hermanas, le dio la espalada a la fila de chicos en la orilla y entonces, una de sus hermanas, se resbaló y cayó al agua. Sin pensarlo, Yepui se lanzó a salvarla. Ninguno de los dos hacía pie en esa parte de la piscina. Pero él ni lo dudó. En segundos la tenía agarrada del cuello y nadando la acercó de nuevo a la orilla. Nadie lo vió. Fue tan rápido que al acto heroico se lo comió el tiempo. Es más, ni su hermana menor se dio cuenta de que él acababa de salvarle la vida. Con los años, incluso no recuerda el hecho.

Pareciera que desde que pasó eso, las situaciones en las que Yepui realizaba algún acto heróico, y miren que realizó varios, apagó un incendio que hubiese acabado con la ciudad, pero nadie lo vió. Salvó a toda una clase de niños de ser masacrada por un loco, pero ni el loco ni los niños se dieron cuenta. Evitó que una estampida de animales escapados del zoo se comieran a todo un barrio. Sin embargo, eso tampoco lo descubrió nadie.

Al principio le molestaba ser el héroe anónimo que nadie veía. Pero con el tiempo, se fue dando cuenta que lo más importante es lo que uno hace para uno mismo. Sin esperar que los otros se den cuenta. Es un gustito que uno tiene con uno mismo. Una especie de egoísmo benéfico, por llamarlo de alguna forma.

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95. Bitiki.

Pasa del Alemán al Español. Del Español al Maorí. Del Maorí al Inglés. O al Esperanto, o al Mandarín, o al Zulú. Pasa del Catalán al Vasco o al Cordobés. Pasa del Angoleño al Afrikkans y cuando empieza la primavera, puede llegar incluso a pasar de Italiano, a Holandés y a Francés en menos de 5 segundos.

Puede parecer una cosa curiosa, o mágica, como le gustaba decirle a su madre intentando calmarlo. Políglota temporal intermitente, le dicen, como para ayudar a que suene más importante o único. Como si ya no lo fuese.

Sin embargo, Bitiki odia que cada vez que estornuda, cambie de idioma. No es algo fácil de seguir. No puede tener conversaciones. No puede ordenar fácilmente un pensamiento. Es el rey de irse por las ramas, pero de diferentes árboles.

Encima, la alergia. La asquerosa alergia.

96. Emuti.

Si pudiésemos girar al mismo tiempo que gira la tierra, pero en dirección inversa, nos quedaríamos en el aire en el mismo instante del mismo día, eternamente? Bueno, es más complejo que eso. La fuerza de Coriolis y la de la atmósfera tienen más que decir. Pero sin embargo, existe la posibilidad. La idea de que podemos crear una nave, globo, avión o lo que sea que se quede en el aire, movíendose de forma inversa a la rotación de la tierra y ahí, podemos vivir el mismo día indefinidamente. No es la inmortalidad, pero si es una pausa, por lo menos a los calendarios.

Emuti trabaja en eso. Esta construyendo este artefacto. Un poco descreído por la comunidad científica y otro envidiado por ser semejante cabeza dura. El artefacto, lo que hace es generar un movimiento que se escapa de la rotación terrestre y de la fuerza gravitacional. El tema es tener en cuenta todas las fuerzas que hacen que no nos trague el tiempo, dice Emuti. Porque si no luchás, el tiempo te come y si te come, perdés.

Ni idea si la máquina va a funcionar o no, pero creo que el simple hecho de querer hacerla ya combate una de esas fuerzas que chupan el tiempo y nos dejan con la sensación de no haber hecho nada.

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93. Sileti.

El espejo te pinta tal como sos. Miedo a mirarte a los ojos. Miedo a perder la cabeza al darte cuenta que no sos vos ese que se refleja. Porque no tenés la perfección que querés. Porque no sos eso que tanto querías y buscabas. Ahí empiezan las quejas. Quejas que no terminan.

Es que no tuve tiempo. Y si me dan muchísimo tiempo. Es que a mi me agreden. Es que nadie me quiere. Es que no puede ser. Es que es el país. Qué querés con esta gente. Y viene de familia, viste?. Obvio, si esto sólo pasa aquí. Sólo me puede pasar a mi. Es que estoy cansado. Es que no aguanto más. Es que así no se puede vivir. Es que así cómo querés que sea feliz. Porque si no me ayudan cómo hago. Porque al final no vale la pena. Porque con esta cara, qué querés que haga. Porque yo soy así y no lo puedo cambiar. Porque no da para más. Porque se me van escapando trozos de tiempo sin que me pueda comer nada.

Sileti se queja. Se queja cómo se quejan todos. Cómo nos quejamos todos. Se queja de él, se queja de los que se quejan, se queja de la queja si es que eso se puede.

Sale de casa, se siente solo. Se siente un poco tonto al no encontrarse con amigos en una ciudad que lo conoce desde que nació. Empieza la queja. Le gusta ir al mismo bar. Le gusta quejarse del dueño y de lo que le pasa. Pide cerveza fría. Pide siempre la misma y siempre se queja de que no se la ponen lo suficientemente fría que a él le gusta. Incluso cuando se congela, se queja porque se les fue la mano. Es un tipo al que le gusta hablar. De él. De sus cosas. De sus quejas. Habla y te engancha. Porque de tanto quejarse, aprende de muchas cosas. De muchos temas. Quejarse es una forma de aprender, dice y quizás no se equivoca.

Sale a fumar. Se queja de que nadie tiene fuego. Enciende el cigarrillo y se queja de que no se enciende exactamente como a él le gusta. Parejo, pero no mucho. Esta mierda de cigarrillo. Las cigarreras no sólo nos matan, nos roban. La puta madre, no puedo dejarlo. Se queja de no tener fuerza de voluntad. De ser adicto. De que le enseñaron cuando era chico. Una novia que no sabía lo que quería y ahora él no sabe por que lo hace. Se queja de escuchar a su novia. De no ser tan macho como le gustaría.

No llueve pero el tiempo parece estar tramando algo feo. No termina el cigarrillo. La queja viene por el lado de que nunca termina nada. Porque nada es lo suficientemente entretenido como para mantenerlo enganchado. Se queja de que le hecha la culpa a otras cosas. Se queja de que no tiene huevos de asumir sus limitaciones. Y se queja de tenerlas.

Con el tiempo las quejas se hicieron llagas. Se fueron enterrando y haciendo surcos y por ellas ya pasa el tiempo. Se atasca. No resbala. No pasa. Se inunda de queja la piel. El alma. La cabeza. El corazón.

Tose. Como intentando echarlo a la calle. Devolverlo a la vereda. Sileti se sienta. Se queja de que está demasiado viejo. Se queja de que ya no puede respirar. Espera poder quejarse de lo que viene. Se queja de que todavía no lo sabe.

94. Repili.

Calma. Ya va a llamar. Es su cumpleaños. Hace más de 25 años que vive fuera de su país y en todo este tiempo, su papá no le ha llamado. Ojo, que él tampoco es un tipo al que le guste llamar. Repili no llama. El teléfono le produce una especie de rechazo. Es casi físico. Se empieza a sentir bastante mal de sólo pensarlo. No lleva su teléfono con él. Generalmente lo guarda en el bolso o la mochila, pero nunca lo lleva encima. Le da una especie de asco tocarlo. Prefiere conversaciones cortas y directas. Tampoco mensajes de textos, whatsup, Facebook o lo que sea. Tranquilo, ya va a llamar. Todavía quedan 20 minutos para que termine el día, además quizás con la diferencia horaria, cree que tiene más tiempo.

Su papá no le llama nunca, quizás tiene el mismo problema que él. Quizás es una cosa genética. El teléfono o las ondas telefónicas generan cierta reacción química que les impide comunicarse.

Suena el teléfono. Repili se emociona porque que quizás es su papá. Pero a la vez le aterra el tener que poner ese artefacto cerca de su oído. Acercar esa pieza de tecnología que le produce cierto escozor. Es como tener una cucaracha en las venas. Escuchar una rata toser. Tirarse los pelos púbicos con el cierre del pantalón. Estar a punto de estornudar y no hacerlo. Arrancarse ese grano que toca el nervio. Pegarse en el dedo chiquito del pie con el borde de una mesa. Sentir una piedra rasparte la córnea. Enterrarse una astilla debajo de las uñas. No poder gritarle a esa persona que odias. Ahogarse en un pozo séptico. Atragantarse con su propio vómito. Despegarse una uña con el hilo de un calcetín. Cortarse entre los dedos con una hoja de papel. No poder rascarse en el medio de la espalda. Descubrirse arrugas. Agarrarse los fríos rollos de la cintura. Pisar una cucaracha con alas. Atragantarse con una mosca. Tener el nombre de alguien en la punta de la lengua y no poder sacarlo. No encontrar estacionamiento mientras te estás haciendo pis. Estar enamorado de alguien y no ser correspondido. Saber que eso que tanto te gusta, no va a volver. Nunca.

El teléfono vuelve a sonar. Junta coraje y atiende. Hola, papá?, ataca Repili. Le llamamos de Jazztel para ofrecerle un servicio especial de…

Debe ser que cree que es mañana. Piensa y prende una antorcha para poder dormir.

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91. Abtit.

El hula hula se mueve alrededor de él de una forma casi hipnótica. Varios círculos que giran en torno a un cuerpo que hace pequeños movimientos, dándole cierto impulso a esos colores que van y vienen.

A veces tose un poco, pero nada lo detiene de mantener esos hula hula en movimiento. Es que si paro, la vida para, te dice.

Porque es algo que llama la atención el verlo ir para todos lados con los hula hula a su alrededor. Siempre que le preguntás que hace, te dice: Sintiéndome Dios.

Es que Abtit cree que la vida es un círculo, un círculo en movimiento. En constante movimiento, rozándose con otras vidas para ganar más movimiento, para mejorar, para brillar más. La vida se mueve, es su forma de ir hacia arriba. Es un movimiento circular y espiral. Por eso, el genera vida con sus hula hula. Y no le importa de quién y para qué. Es vida, te dice, y la vida sola encuentra su propósito y camino.

A veces se le complican cosas en esto de dar vida todo el tiempo, como por ejemplo ir al baño, cocinar o hacer el amor. Pero como él dice, uno se las arregla. La vida, se las arregla.

92. Herin.

Puede que sea porque no viene de una ciudad con mucho verde. Una ciudad con una belleza o atractivo que la haga única y hermosa. Puede que sea porque viene de una familia normal, sin grandes locos ni grandes dramas. Puede que sea porque es un tipo normal. Medio pelo. Ni muy muy ni tan tan. Puede que sea porque siempre sintió que podía conectarse con otra cosa. Con otro estado más allá que el del día a día. Más allá del cartón pintado que nos venden todos el tiempo como si fuese importante. Necesario. Puede que sea porque nunca le vió la cara a la muerte. Puede que sea por tantos puede que sea. Lo que es, es que que está convencido de que puede convencernos a todos para que pensemos como él.

Herin está total y absolutamente convencido que él puede hacer que todo el planeta piense de la misma forma que él lo hace. Y no estamos hablando de una ideología, no. Hablamos de la forma en la que ordenamos los pensamientos y los comunicamos. Está convencido de que puede lograr enseñarnos o convencernos, da lo mismo, de que todos tengamos el mismo proceso mental para de esa forma llegar a las mismas conclusiones. No es lo mismo que tener la misma ideología. Porque se puede creer en diferentes formas, pero llegar a ellas siguiendo el mismo proceso mental. Tampoco es lógica, porque la lógica sigue un paso después de otro, y no tiene en cuenta emociones. Lo que Herin cree y quiere que hagamos, es seguir una misma forma de llegar a las conclusiones.

El proceso de llegar a una conclusión, no es simplemente racional. Es cómo intentar que una cosa que una persona tiene dentro, de forma multitemporal, multiemocional, multidimensional, multiespacial y multi lo que sea, entienda lo que otra persona también tiene con todos esos multi.

La cosa es que Herin, tiene un plan para que todo esto pase. Y ese plan es bastante simple, pero no fácil. Quiere crear un diagrama que se grabe inconscientemente en todas las personas. Para eso necesita transmitirlo repetidamente. El plan es usar virales. Todo lo que sea viral va a tener grabado ese diagrama que ayuda al cerebro a entender el corazón.

Mientras más gatitos y caídas graciosas veamos, más nos vamos a entender. Visionario el amigo Herin.

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89. Utise.

¬Hubo un momento en que era como cualquier otro amigo. Uno de esos a los que le podés contar todo. Esos buenos amigos a los que uno les confía un hijo, dinero o una esposa.

Como todos los momentos, son pequeños espacios de tiempo, hasta que las cosas cambian.

Los momentos, son generados por impulsos. De tiempo, de voluntad, de coincidencias, de choques entre espacios.

Utise tiene el problema que se enamora de las novias de sus amigos.

Un día las cosas cambiaron y él se volvió completamente loco por la novia de su mejor amigo. Se pelearon y finalmente Utise se quedó con ella. Todo parecía normal, hasta que conoció a la novia de otro amigo y el ciclo volvió a empezar.

Durante un tiempo, cada vez que él veía a la novia de un amigo, un amor instantáneo empezaba a invadirlo. No importaba si la novia era linda, fea, divertivda, aburrida o buena o mala persona. Utise quedaba completamente fascinado ante ellas y necesitaba que fuesen suyas.

La cosa tomó un giro inesperado cuando un viejo amigo de la secundaria le presentó a su pareja, un tipo de unos 45 años.

Fue como una especie de freno. De: hasta aquí he llegado. Finalmente encontré el fin de mi búsqueda. Y como dicen en los cuentos: Fue feliz por muchos, muchos años.

90. Iktoe.

Llueve y Iktoe está feliz. Abre la puerta y camina hacia la calle con rumbo hacia el centro de la ciudad. Siente como las gotas le van pegando en la cara. Cómo se le resbalan por las cejas, la barba, los labios, los ojos.

Intenta contarlas. Memorizar algo sobre cada una de ellas. Son muchas, pese a que no llueve tanto.

Llega al bar. Se pide una cerveza fría. Rubia. De barril. No se seca la cara ni el pelo. Comienza a contar y nombrar.

Lickta. Mushlania. Seppeli. Nuekta. Yumm. Tustia. Runne. Espuka. Wotia. Quisma. Alinati. Dusta. Fuggia. Gomuste. Hoscco. Juyto. Keto. Ñiñesio. Zustama. Xoniay. Cemine. Vedone. Bustia y la lista sigue y sigue a medida que va recordando como cada una de las gotas golpeaba su cara. Sus orejas. Nombrarlas para no olvidarlas. Porque semejante belleza no puede ser olvidada.

Iktoe se bebe la cerveza mientras su piel se come las gotas. Pide otra, justo cuando entra un amigo y le dice, que ya paró de llover.

87-88

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87. Ukite.

Abriendo un vino que se ha ajerezado, Ukite te lo cuenta sin ponerse tan nervioso. Me olvidé, te dice. Es como un pensamiento que no puedo dejar claro. Se me escapa. Empiezo y después no sé como sigue. A veces me pasa al revés, sé como sigue, pero no sé como empezarlo. Supongo que fue porque me daba vergüenza preguntar, me daba miedo sentirme el más tonto de todos y por eso no quería dejar en evidencia que no sabía. O peor aún, que me había olvidado. A veces olvidarse es peor que no saber.

Y obviamente te dan ganas de preguntarle de qué se había olvidado. ¿Cómo no se lo vas a preguntar? Y pese a que le da mucha vergüenza decirlo, te lo cuenta.

Me olvidé como masturbarme. Si, ya sé que parece imposible, pero creeme que me olvidé. Y me da vergüenza preguntar así que ahí voy. Inventando e intentando descubrir cómo era. Porque lo que me pasa y más me jode, es que como no me acuerdo como era, no se si como lo hago ahora está bien o no. Es decir que tengo que probar todas las formas posibles rogando que algo me haga volver la memoria del momento y ahí diga: Si, es esto.

De momento, eso no pasa.

Ukite es un tipo tímido, como la mayoría de los hombres. Olvidadizo, como la otra mayoría. Pero por sobre toda las cosas, nunca a va a preguntar como se hace algo, porque para eso somos hombres, para aprender a los golpes, o en este caso a las sacudidas.

88. Keloi.

Adicciones hay de todos los tipos. Es una forma en la que la fuerza de voluntad pierde frente al deseo. O si lo querés ver de otra forma, es cuando nuestro verdadero yo, le gana al de mentira.

Keloi es adicto. Adicto a sentir. Lo que sea. Necesita sentir cosas todo el tiempo. Dolor. Amor. Pasión. Aburrimiento. Miedo. Euforia. Celos. Confianza en si mismo. Dependencia. Culpa. Envidia. Pánico. Esperanza. Vergüenza. Estrés. Tristeza. Alegría. Rechazo. Atracción. Rencor. Admiración. Todo. Y como toda las adicciones, cada vez hay que subir más la dosis para que haga efecto. O combinarlas para producir efectos más intensos.

Mezclar el beso más romántico del mundo y justo cuando los labios se separan, decir una frase que te rompe el corazón. Sentir asco por una persona y al mismo tiempo hacerle el amor con toda el alma. Reír a carcajadas con los ojos llenos de lágrimas por haber perdido todo. Avergonzarse de haber hecho algo terrible al mismo tiempo que se ilusiona por planearlo de nuevo.

Hay quienes no entienden a Keloi. Hay quienes lo juzgan. Hay quienes no tanto.

85-86

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85. Mosui.

Nos enseñan que se llaman deja-vú. Cuando vemos a alguien que ya vimos. Cuando sentimos que ya estuvimos ahí. Pero lo que nadie nos enseña es cuando nos encontramos varias veces con las mismas personas en un día.

Hoy están sentados al lado de nosotros en el tren, más tarde nos los cruzamos en la calle y en dos días, en otra ciudad nos los volvemos a encontrar. Nos dicen que se llaman coincidencias. Sin embargo, para Mosui, el tema es simplemente falta de presupuesto de producción.

Él llega a encontrarse hasta 7 veces en un día con las mismas personas. Va en el metro y la señora de saco a cuadros, es la misma que más tarde será la moza en el café donde pidió un café con leche. Unas horas después se la cruzará caminando por la calle y luego seguramente en el supermercado. Lo extraño, es cuando la ve salir del edificio de al lado o incluso, en un reportaje en la televisión. Esto le pasa a Mosui, todos los días. Su grupo de gente cambia cada mañana, pero a lo largo del día, se repiten constantemente. No todos obviamente, pero un gran porcentaje, entre unos 10 a 20 puede ser la media. Una vez los contó y llegó a 17. 17 personas que se encontró más de tres veces en el mismo día. Él cree que es porque su vida es tan simple que el destino no quiere invertir mucho en él e intenta tener una producción low cost.

No se queja, pero a veces le gustaría tener una vida que cuide más de los detalles.

86. Jonet.

No todas las frutas maduran al mismo tiempo. Incluso las frutas de un mismo árbol maduran de forma diferente. Saber cuando están listas es una cualidad. Una especie de don. Jonet tiene un don parecido. Pero con personas.

Cuando él le pasa la lengua a alguien, sabe si está maduro. Es decir, que sabe si una persona logró su madurez en esa etapa de la vida. Por ejemplo, si le pasa la lengua a un niño puede saber si está listo para entrar en la adolescencia o todavía le falta aprender algunas cosas. Lo mismo con los adultos, con los ancianos, con los inseguros, con los inestables. Un toque de su lengua con la axila de la otra persona y él puede estar seguro si ella está lista o no, para su próximo paso.

Una vez le preguntaron a que sabía la madurez y dijo que es un sabor un tanto amargo, pero con dejos de dulzura al final. Es un sabor que llena la boca pero no empalaga.

Fantástico don. El tema es dejar que un extraño te chupetee la axila. Da un poco de asquito, ¿no? Además de que al mismo Jonet no le gusta andar lamiendo axilas de cualquiera.

Pero pese a que todo tiene un precio, Jonet hace descuento a quien quiera pagar. En especial si son hermosas jovencitas de veintitantos.

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83. Fekit.

Obviamente su mujer se opuso. ¿A quién se le ocurre construir su casa como un tren fantasma? La convenció diciéndole que así la relación siempre estaría viva y nunca se aburrirían. Su mujer, cansada de ver cómo sus amigas se separaban o divorciaban, pensó que quizás no era una mala idea. Negoció que si lo iban a hacer, ella podría decidir sobre algunos de los sustos que se darían. Él accedió.

Al principio la construcción y la discusión sobre los sustos les llevaba todo el día y los mantenía interesados. Al poco tiempo las cosas se empezaron a normalizar y era de lo más común el estar hablando de fantasmas, zombies, monstruos, demonios o brujas. Se hizo cosa de todos los días.

Cuando la estructura gruesa de la casa ya estaba hecha y empezaron a construir los rieles, fue que Fekit se dio cuenta que esa casa que él quería, ya no era tal cual se la había imaginado. En la puerta, él había imaginado una cara de un demonio y la entrada justo por la boca. Ahora era simplemente una doble puerta y en vez de ojos de demonio, eran simplemente ventanas. O al menos así lo veía él.

Ya llevan años viviendo en esa casa, que según ella es un tren fantasma, pero para él, es una casa común y corriente, que no quedó como él quería. Eso sí, el trencito te recoge en la entrada y te deja directo en la cocina, sin antes pasar por el zombie decapitado y un Drácula que te saca los abrigos para guardarlos en la panza de un dragón que tira papel picado rojo.

84. Lireto.

Una vez le dijeron que los de Aries eran obsesionados con la belleza. Que era una adicción. Pero Lireto no es de Aries. No. El simplemente se enamora de todo lo que ve. Lo encuentra fascinante. A todo le ve lo hermoso. Y no es que simplemente le gustan las cosas. No. Se enamora. El corazón le late más fuerte. Las pupilas se le dilatan. Se toca el cabello. Se pone un poco nervioso. Y le pasa con todo. Desde el vaso con vino que le ponen en el bar, hasta del mozo gordo y sucio que se lo sirve. Se enamora de todo. Muchos piensan que es un tierno. Que su vida debe ser una hermosura. Lejos de la verdad. Enamorarse significa involucrarse. Preocuparse. Querer estar tiempo con eso que nos roba el corazón. Y no siempre es así. Lireto sufre con cada separación. El pecho se le abre y el dolor se le mete como un alien, pero al revés. El dolor de la perdida le estruja el aire y lo deja paralizado. Lo bueno, porque siempre hay algo bueno, es que se vuelve a enamorar, y adolorido, vuelve a la batalla, una vez más.

81-82

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81. Dotei.

El medico le dijo que no era fácil de explicar lo que le pasaba, por lo que se lo dijo así de directo, mirá, tu corazón late al ritmo de Beat-it de Michael Jackson. Se que parece loco, pero es así.

Con el tiempo se acostumbró al tema, e incluso quiso hacerle juicio a MJ porque él nació antes que la canción, entonces su argumento era que el Rey del Pop le había robado la tan famosa melodía.

Hoy en día ya no le presta demasiada atención, más que para intentar romper el hielo con alguna chica o hacer un truco en una fiesta. El tema es que la canción cada vez conoce menos y ya no hace tanta gracia.

82. Holit.

Es un poco tarde para hablar de esto. En especial después de lo que pasó la semana pasada, pero en algún momento sabíamos que iba a pasar y lo teníamos que contar.

Al principio, como en la mayoría de los principios, fue sin querer. Tenía poco tiempo y necesitaba hacer dos cosas a la vez, se dio cuenta que que era bueno y ahorraba el tiempo, por eso empezó a hacer varias cosas en simultáneo. Incluso podía tener una conversación y al mismo tiempo escribir una novela. Era un genio del multitasking, como se llamaba en esa época. Sin embargo, llegó a hacer hasta 5 cosas a la vez, todas con un nivel de calidad inexplicable. Un día, con unas copas encima y envalentonado por el alcohol, decidió que si era bueno para hacer varias cosas a la vez, por que no podía extender eso a otras dimensiones y por ejemplo, hacer cosas mientras dormía. Se propuso empezar por cosas simples, por ejemplo dormir mientras ordenaba su colección de libros de forma alfabética. Cuando se despertó, se dio cuenta que sólo había tirado los libros al suelo. Sin embargo, esto fue solo un comienzo y al cabo de unas semanas ya podía hacerlo perfectamente. Después empezó a aumentar las cosas que podía hacer mientras dormía y empezó a ser productivo 24hs del día.

Como todo inconformista, ahora quería ir al próximo paso y después de leer un libro sobre la muerte y los fantasmas (mientras escuchaba los nuevos discos en Spotify y preparaba una cena) Se le vino la idea de si podría hacer dos cosas nuevas, porque si los fantasmas podían volver de la muerte, quizás el podría visitar la muerte y volver o estar en esos dos estados todo el tiempo. Al final, no era más que otra forma de multitasking.

Lo primero era entender como hacer para entrar y salir de la vitalidad, después de leer, ver y escuchar (todo al mismo tiempo) todo lo que había sobre el tema, decidió que esa información, no era más que aleatoria y decidió hablar con una médium para que le explicara como hacerlo, pero desde los que están del otro lado.

Después de varias charlas, decidió hacer los primeros intentos. (Para que no cualquiera pueda hacerlo, he decidido no contar los detalles técnicos, sólo los elementos que se necesitan: un día específico de la semana, en un lugar especial, algo de sal, agua de transpiración humana y un poco de fuego). Después de varios en los que casi se queda del otro lado, la semana pasada Holit apareció por el barrio, era raro hablar con él. Usaba palabras de diferentes tiempos, no miraba su teléfono mientras te hablaba, cosa que solía hacer, ni tampoco usaba auriculares en uno de sus oídos. Simplemente te miraba y después miraba para otros lados. Saludaba a la nada y cuando volvía los ojos a vos sonreía. Nunca pensé que estar del otro lado significaba también estar del otro lado del tiempo, me dijo. Es jodido y hermoso. Ahora lo se todo y con eso se que no tengo más que hacer que disfrutar.

Ayer lo vi en el bar tomando cerveza y hablando con los más viejos. Se lo veía feliz y medio borracho.

79-80

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79. Catue.

“Mamita tú sabes yo no soy manco, si tú no me lo das yo te lo arranco”
Calle 13.

Tampoco lo cuenta todos los días, ni es una cosa que crea que es LA verdad, pero es algo en lo que él cree y cuando se siente cómodo te lo cuenta. En especial si hay un poco de vino y gente con la cabeza abierta.

Para Caute la cosa es bastante simple. Estamos entre diferentes dimensiones. Dimensiones que no se conectan entre si a no ser que encuentres los vehículos que pueden hacer ese viaje. El mejor de esos vehículos, o al menos el más rápido, es el arte. Es una especie de barco que navega entre las diferentes dimensiones de lo que generalmente se entiende como la realidad para llevarnos de un lugar a otro. Todos los momentos son verdaderos, es simplemente que tienen diferentes duraciones y dimensiones. Tendemos a creer que nuestra realidad es LA realidad, sin embargo cuando nos subimos al barco del arte, descubrimos nuevos mundos, nuevas realidades. Donde las bases de tiempo, espacio, forma, lenguaje e interpretación, son completamente diferentes, por consiguiente, quienes viven ahí, son diferentes seres vivos.

No te lo cuenta así, yo lo resumo un poco, porque pone ejemplos, cita fuentes, te habla de filósofos, de tribus, de rituales, de artistas, de cuanto tenga a mano para contarte que no es una idea descabellada. Que hay mucha gente que piensa como él. Mientras te lo cuenta bebe y ser ríe. Se nota que le gusta que te interese, que le preguntes, que le discutas. Es una forma de sentir compañía en el barco, para que el viaje sea más divertido.

80. Dipeo.

En el interior de la cabeza hay un centro de mando, eso está claro. El tema es quién está a cargo. Como todos los regímenes los que dominan dependen del tiempo y de las circunstancias. Nunca un mismo orden duro una eternidad y si pensamos en la vida de uno, hablamos simplemente de unas decenas de años en las que muchas cosas pueden cambiar. Dipeo cree que hay dos grandes fracciones dentro de cada uno de nosotros, una un poco más conservadora y la otra, un poco más progresista o revolucionaria. Una nos empuja hacia delante y la otra nos pide precaución. Depende de quién esté al mando esa época del año, o del día, vamos a tomar diferentes decisiones. Siguiendo órdenes de diferentes facciones dentro de nosotros mismos y el cambio de mando, no es un tema democrático, eso seguro que no. Sin dudas esto sucede a través de un acto violento. O de seducción, que al fin y al cabo, es un tipo de violencia. El poder que era de unos, pasa a ser de los otros y no siempre, van de la mano. Pueden parecer contradictorios o complementarios, depende de quien tenga el timón en ese espacio de tiempo.

Dipeo entiende que pasa eso dentro de él y muchas veces intenta entender quienes están al mando en el momento de alguna decisión que al principio parece una locura. Durante años, vivió preocupado por quien tomaría el control, sin embargo, después de un tiempo, se hizo a la idea de que al fin y al cabo, él siempre fue un juguete en las manos de alguien. Y si era de alguien que tenía dentro de él, mejor.

77-78

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77. Atirei.

Nació un 7 del 7 del 77 a las 7:07 en la calle del Séptimo Regimiento al 77. Pabellón 7. Habitación 77. Era el séptimo hijo del séptimo hermano de la familia Setecoste. Desde el momento de su nacimiento, la suerte fue parte de su día a día. A medida que pasaban los años, la suerte iba aumentando, se ganó la lotería con 4 años. Encontró un pozo petrolero en el patio de su casa cuando tenía 5 y hacía un pozo para esconder un autito. Sus amigos lo adoraban. Su familia lo amaba. Todo iba a más hasta las 23:59 del día anterior al que cumpliría 17 años. Es como si la suerte hubiese tocado la cumbre máxima y la suerte dio la vuelta, empezando a generarle mala suerte hasta que cumplió los 25. Momento en el que todo empezó a cambiar de nuevo para bien. Fue ahí cuando entendió los ciclos en los que vivía. Cada vez que su edad sumaba 7, la suerte daba la vuelta completa. Porque nada dura para siempre. Ni lo bueno, ni lo malo.

Faltan 2 días para que Atirei cumpla 52 y viene de un ciclo bueno. Está casado con la mejor mujer del mundo. Tiene los hijos más sanos y buenos del planeta. Su trabajo, si es que puede llamarse así, es el soñado por todos. El dinero no es un problema. La familia está genial. Sus amigos lo adoran. Los colegas lo respetan. Tiene la salud de un pibe de 19. No le falta ni le sobra nada. Está completo. Hasta mañana.

Obvio que le da un poco de cosa, pero ya aprendió a tomárselo con calma. Por eso, hoy, sentado la terraza de la mansión que acaba de ganar jugando a las cartas, fuma una pipa hecha por su mujer, la más hermosa del mundo. Fuma y espera. Sonriente, pese a que sabe que ahora viene todo cuesta abajo hasta los 61.

Pasa, que cuando uno entiende como viene el río, deja de nadar en contra de la corriente y sólo se dedica a dejarse llevar y disfrutar del paisaje. Por más jodido y feo que sea.

78. Hekiti.

No es que saldría en tiras de superhéroe. O que algún día le pondrían en una película de Hollywood. No creo. Pero Hekiti tiene un súper poder. Tiene la habilidad de crear una cortina que cubre a sus amigos o a quien quiera ser cubierto. Esta cortina, no es una cortina física o mágica. Bueno, quizás lo sea a veces, pero en realidad lo que crea es una cortina circunstancial en la que puede proteger a la persona en problemas, para que esta pueda protegerse del problema que le asecha, ya sea escapándose o simplemente sin ser visto.

Hetiki tiene la capacidad de generar esa circunstancia que hace que la atención se desvié haca otro lado. Es un super poder muy poderoso, pero porque no puede existir una distracción que dure eternamente, es momentánea, aunque sin embargo muy efectiva.

El problema, porque todo tiene siempre un problema, es que esta capacidad genera también un descrédito hacia él. Si, pese a poseer semejante super poder, Hekiti no tiene muchos amigos, porque con cada despliegue de su habilidad, viene una acción políticamente incorrecta.

Por ejemplo, el otro día, estaba almorzando con uno de sus pocos amigos y dos chicas. Su amigo fue al baño y cuando volvía, Hekiti vió que tenía el pantalón manchado con algunas gotitas de orina en la ingle. En ese momento, Hetiki puso en práctica su super poder y eructó recitando la formación de Boca Juniors campeona de la copa libertadores. Las chicas se sintieron ofendidas y dejaron la mesa, sin embargo su amigo llegó a la mesa y se sentó sin que las chicas, ni nadie en el restaurante notara las manchas en el pantalón.

A veces un héroe tiene que convivir con la incomprensión.

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75. Jutie.

No hace ni calor ni frío. Es uno de esos días chotos que parece que no pasa nada y generalmente no pasa nada. Jutie se fuma el último cigarrillo sentado en la entrada de su casa. Habían dicho que se juntaban a las 3 y media. Eran las 4 y todavía no aparece ninguno. Jutie putea bajo, porque se quedó sin cigarrillos y a esta hora todavía no abre el almacén para manguear otro paquete de 43/70. Escupe y se pone la colilla del cigarrillo entre el índice y el pulgar derecho. Lo dispara hacia la acequia y el poco humo que todavía sale del cigarrillo dibuja una curva en el aire.

¿Aburrido? Pregunta el primero de los genios en llegar. Dale pelotudo, simpre tarde ustedes ¿Y los otros? Apura Jutie sin levantarse del escalón de la entrada de su casa.

Ya van a venir. Acordáte que te aparecen en un segundo, por eso son genios, ¿no?. Mirá, cada vez me la creo menos, le responde Juite al genio. Puff, una bola de humo y los otros 6 genios aparecen en un segundo. Un gordo vestido de árabe. Un barbudo que parecía Sandokán, los mellizos, la mujer genio, que había echado un poco de panza y el gran genio indio.

No hagan esas apariciones, ¿Por qué no pueden venir caminando como todo el mundo? pregunta Juite, un tanto enojado. Los genios se ríen y con un tono soberbio le responden que ellos no son como todo el mundo. La conversación no avanza y entonces Juite se mete a la casa mientras los genios hacen aparecer unas cervezas frías y se las ponen a tomar en el jardincito de la puerta de casa. Al rato, Juite sale de casa con la lámpara y les dice que ya está bien, que es hora de que vuelvan a meterse a dentro de la lámpara. Que la cosa así no da. Obviamente los genios se le cagan de risa, y hacen aparecer más cerveza, esta vez no tan fría. Juite amenaza con llamar a la policía. Más carcajadas. Puff. Todos los genios ahora están con gorras de policía en la cabeza. Puff. Ahora todas las gorras cambian de color azul a lunares rosados y amarillos. La carcajada se hace más grande y Juite no sabe que hacer. Pasa el tiempo y los genios empiezan a desaparecer dejando todo el jardincito lleno de botellas vacías de cerveza. Nos vemos mañana, dice el genio gordo y antes del puff que acompaña su desaparición, se tira un eructo que intenta decir el nombre de Juite, pero se corta en la i y lo completa con una risotada.

Juite no sabe como sacarse de encima a los genios con los que vive. Salieron de la lámpara siendo simples genios y hoy son cualquiera. Ni un sólo deseo le cumplieron. Genios turros.

76. Ijote.

El médico le dijo que no había visto nada así. Que había visto muchas cosas raras en su vida, pero nunca algo como esto. Los órganos del cuerpo estaban organizados como en un laberinto. Los tiene todos y del mismo tamaño, pero su forma y cómo están dispuestos es completamente único. En la tomografía se ve perfecto como los órganos recrean con exacta precisión el laberinto de los jardines de Sabatini en Madrid.

Es impresionante. Todo funciona bien a no ser por el tema que a veces las sensaciones y emociones se marean y confunden el sentido de su funcionamiento. Por ejemplo, el corazón se pierde y bombea orina. O los pulmones respiran sangre. O a veces el corazón late y entonces Ijote se caga. No es nada terrible, porque no pasa todos los días. Pero pasa.

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73. Wote.

Cuando te lo cuenta no se lo creés. Según Wote, cuando él tenía unos 4 años tuvo un sueño o un recuerdo, no lo sabe, en el que era el representante de la humanidad y se sentaba en una mesa frente al creador de todo. No, no era Dios, era más grande que Dios, era el creador de Dios y el todo. Era La Vida. La Vida como una entidad, la entidad. Inmensa, gigante, eterna. No sabía cómo, pero ahí estaba Wote, frente a La Vida a punto de tomarse un café.

La vida, que tenía muchas cosas que hacer, le preguntaba que quién era y de dónde venía. El diálogo era más o menos así:

– y vos de dónde me decís que sos? (La vida habla argentino)
– Yo soy de la tierra.
– Mmm… la tierra?
– Si, la tierra, en el sistema solar…
– Mmmm… sistema solar… dónde queda eso más o menos?
– Ubicas la vía láctea?
– Me suena… es la que está en la galaxia esa que es como una pelota con una argolla alrededor?
– Si, esa! La concés?
– Más o menos, no le doy mucha importancia a lo que pasa por ahí. Creo que me fijé una vez, pero sólo un rato…
– Bueno, yo vengo de ahí.
– Y me dijiste que los que viven en esa galaxia, se llaman humanos?
– No, los de la galaxia no se, los de la tierra, que es un planeta de la vía láctea, en el sistema solar…
– Uuu… pará, pará, es como demasiado detalle lo que me contás… y estos humanos, ¿Qué hacen?
– Y nosotros hacemos cosas, inventamos, tenemos ideas, compramos, vendemos, viajamos, amamos, odiamos, hacemos muchas cosas…
– Y tienen un jefe? ¿O alguien así que haya hecho algo grosso, que se yo.. creado una galaxia, cambiado el rumbo del universo, inventado algo que no existía como una estrella o algo?
– Bueno, tanto como una estrella no, pero si, tenemos gente que es ha inventado muchas cosas… Leonardo DaVinci, lo concés? Es quizás el ser humano más importante de todos…
– Mmm. No, no me suena.
– Y a Mozart? Un músico?
– Mmmm, no, no me suena… y sin hacer jueguitos de palabra…
– A ver… Alejandro Magno?
– No, che, no me suena nada…
– Es que también un humano así como un humano, no es tan importante, tan grande. Pero nuestros dioses son importantes.
– Ah, ¿tienen dioses? ¿Muchos? ¿Cómo es eso?
– Y, es que cada grupo de humanos creemos en uno diferente…
– Ah… ¿o sea que no se pueden poner de acuerdo en uno?
– Y… es difícil… porque generalmente todos quieren tener la razón y entonces todos se pelean porque su Dios es el verdadero y el resto no lo son…
– Ajá… ta bien y qué plan tienen así para el futuro? O qué piensan hacer ahí en ese planeta…Turra?
– Turra no, Tierra.
– Tierra, perdón. ¿Qué quieren hacer ahí? ¿Cuál es el rol que tienen dentro del sistema solar o la galaxia? ¿De qué van? ¿ Hacia donde van?… ¿Hay un plan o algo?
– Y todavía no…
– ¿Son un planeta joven?
– Depende como se mire, ¿No?
– Tenés razón… pero no se cuelguen, ¿No?
– No, no, seguro que en unos años nos ponemos las pilas y vamos para adelante.
– Así me gusta…
– ….
– Che, me tengo que ir. Me espera una reunión ahora con otras entidades omnipresentes y voy medio tarde…
– Andá nomás, no te preocupés.
– Chau. Suerte.
– Gracias…
– …
– …
– …
– …
– …
– (¿Y ahora como me vuelvo?)

Cuando Wote te lo cuenta, al principio te reís. Después no.

74. Quili.

Quili no es un tipo que siempre fue así de extrovertido como es ahora. De chico era muy tímido. Como tu abuelo, le decía su papá, por eso te llamás como él.

A medida que Quili fue creciendo, fue cambiando muchas cosas, como la vergüenza, pero al mismo tiempo fue dándose cuenta que al cambiar las cosas que lo unían a sus abuelos, era como si de alguna manera los estuviese olvidando y al hacerlo, dejándolos desaparecer.

Le hubiese gustado conocerlos más, no para pasar más tiempo, no, sino para entender más. Para escuchar más. Porque a veces nuestro pasado es la mejor forma de entender como podemos mejorar, para seguir adelante. Seguramente hubiesen tenido tantos buenos consejos. ¿Será que podremos dejarle esos consejos a nuestros nietos? ¿Será que ellos podrán leer nuestros tweets o status de Facebook y aprender de ahí? ¿Será que así nos estamos ganando un poco más de inmortalidad? ¿Aprenderán lo poco que aprendimos nosotros o lo harán de una forma comunitaria, donde todos crecen y no sólo unos pocos?

Quili se ríe e invita una ronda más. Él siempre paga las cervezas o el vino. Como su abuelo, que tenía su mismo nombre.

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71. Mitul.

Mitul vive en un mundo de paranoia. Un poco por como fue criado por su abuela y otro poco por la maldita internet, que no para de aumentar el número de ojos que supuestamente nos están mirando.

Al abuela de Mitul, doña Felicitas, le había hablado de que no estábamos solos. Que entre nosotros vivían seres superiores a nosotros, los cuales se habían mezclado con nuestra raza para experimentar y crear una raza que pudiese sobrevivir más tiempo. Nosotros teníamos cosas buenas y ellos también. Por eso si ambas razas se pudiesen mezclar, tendríamos lo mejor de ambos mundos. Ese era el plan original, sin embargo, como todos los planes, nunca salen 100% bien y la ambición de ambos bandos hizo que el acuerdo original se rompiera. Desde ahí, vivimos en un mundo de híbridos y puros. Los puros, de ambos lados, humanos y alienígenas, están en inferioridad de condiciones. Los humanos porque poseen menos información y los alienígenas porque no pueden interactuar libremente. Los híbridos, tienen lo mejor de ambos mundos. Mayor acceso a información, por su parte alienígena y sensibilidad por su parte humana. Esto los lleva a destacarse. Ellos son los que manejan todo. Ellos están entre nosotros y nos guían hacia donde sea negocio para ellos. Cuando llegue el momento, y este planeta no sea más negocio. Pum, a otro planeta.

Esto es lo que algunos puros humanos intentan negociar, el ser parte de ese negocio. Llegan a vender a los suyos para ganar conexiones y otros incluso, se unen a puros alienígenas para intentar convertirse en híbridos en experimentos clandestinos. Sea como sea, el negocio de todos es momentáneo. Hasta que el planeta aguante. Hasta que no quede nada más que exprimir. Hay 3 opciones. Sumarse, hacerse el boludo o pelear.

La abuela Felicitas desapareció cuando Mitul tenía 12 años. Dos años después de contarle su teoría y dejarlo paranoico para siempre.

72. Coter.

Políglotas se llaman las personas que hablan muchos idiomas. Bilingües se llaman los que hablan más de una lengua. Coter no sabe como defnirse porque lo que él habla, si es que se puede decir que lo habla, es pedo. Si, no leíste mal, Coter habla pedo. Entiende lo que los pedos dicen.

Cuando se hace una pregunta, tirándose pedos, los culos de la gente le responden. Y no es que habla pedo con esos pedos ruidosos, no. Él también entiende los pedos silenciosos. Los olorientos. Los reprimidos. Si es pedo, él lo entiende y lo habla. ¿Y qué le dicen los pedos? De todo, desde como está la persona que se acaba de tirar un pedo, hasta indicaciones sobre dónde queda una calle o incluso secretos inconfesables. Porque parece ser que el pedo está ligado al cerebro más directamente que con la lengua. Eso dice Coter, que en las reuniones no dice mucho, pero siempre está con una sonrisita en la cara.

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69. Gigili.

Empezó un poco por rebeldía. Cuando era chico no le gustaba leer. Su papá y mamá, eran grandes lectores y escritores. Sin embargo, Gigili siempre estuvo en contra de leer. Sus padres se esforzaron mucho y después de peleas y gritos, él aprendió casi con 10 años y después de repetir 3 veces primer grado. Con el tiempo, la cosa se fue acentuando. Cada vez que tenía que leer algo en la escuela, le causaba problemas. Aprobaba porque escuchaba lo que el profesor decía en clase y hacía los exámenes de memoria. Pero tenía que leer lo que escribía y eso también le molestaba, así que aprendió a escribir con los ojos cerrados.

Terminó la primaria con 15 años y obviamente dejó de leer por completo. Así el tema se intensificó y empezó a tener una especie de fobia a las palabras. Se pone nervioso. Transpira. Siente como si la cabeza le picara por dentro. Como si su sangre fuese arena que le recorre el cuerpo. Ya no es un tema de rebeldía, es casi una alergia biológica. Por eso intenta evitar todo contacto con las palabras. Salir a la calle es una tortura. Ver la televisión, mirar por la ventana, recibir amigos con t-shirts escritas. Todo es una pesadilla. Sin embargo, él tiene un plan. Está juntando dinero para poder irse a vivir a un país donde no entienda nada de lo que se escribe. El problema claro, es leer los números de los billetes, cosa que lo molesta todavía mas que leer letras. Cada vez que ve un número, una pequeña gota de sangre, cae de su nariz.

De todas formas, si no fuese por este pequeño problemas con las letras y los números, podríamos decir que es un tipo feliz.

70. Petui.

El programa de televisión se llamaba “Héroes Reales” y lo pasaban en un canal de cable local. Petui participó por su capacidad para que le crezcan rulos en el bigote y llegó tranquilamente a la final. Su barba y bigote crece de una forma afro. Más que bigote parece una entrepierna. Cuando era adolescente la gente se le reía, pero a él no le importaba y creía que en un momento de la vida iba a ser reconocido por eso. Ese momento se llamaba “Héroes reales”. Cuando llegó a la final y la ganó. La gente en la calle lo reconocía. Lo saludaba. Ahí va el señor del bigote, decían y él se sentía importante. Eso debe haber durado unos 6 meses como máximo.

Hoy Petui, pese a seguir usando ese bigote afro, no impone respeto ni nada por el estilo, de hecho, en vez de gritarle: Ahí va el señor del bigote, le gritan cosas más feas, que incluyen entrepiernas, madres y cosas por el estilo. Pero contrariamente a lo que todos pudieran pensar, él se pone contento cuando le gritan. Todavía sigo vivo, piensa.

67-68

67 & 68 / 100


67. Grote.

– Está ocupado?
– No, no…
– Es que no me quiero sentar cerca de ese que tiene cara de degenerado.
– ….
– Hola,Cómo te llamás?
– Grote.
– Qué raro el nombre, no?
– …. Si, puede ser…
– De donde viene?
– ….Se lo inventó mi mamá…
– Me encantan los nombres raros. No sé, me parecen misteriosos…
– ….
– Viajas siempre en acá?
– … más o menos…
– …
– …
– …
– …
– …vivís acá o estás de viaje?
– No, no. Vivo acá estaba por temas de la universidad, pero estoy volviendo acá, donde vivo.
– Ah, y tu novia vive con vos?
– No tengo novia.
– No? Que raro, un chico tan guapo…
– ….
– …
– …
– Te molesta que te diga guapo?
– …no sé, no…
– Y yo te parezco guapa?
– … si, supongo que si..
– …
– …
– …
– …
– …
– …
– Bueno, llegamos… Chau…
– …Chau.

– …

– …

– …(Qué pelotudo sos Grote)

68. Bokti.

Cada mañana… no. Cada mañana, no. Algunas mañanas, Bokti se levanta sordo. No le dura mucho, al principio es una sordera total, que obviamente lo aturde un poco. No es algo que no se lo esperaba, todo el mundo le decía que es un buen oyente. Que siempre está ahí y que sabe escuchar. Por eso cuando se enteró que la sordera se debía a que los oídos estaban llenos de palabras, lo entendió. Incluso se sintió un poco orgulloso. Era una prueba de que era un buen tipo.

Cuando está sordo, la gente lo llama menos. Es un momento que secretamente disfruta. Tiene tiempo para sus cosas. Para sus proyectos y de forma natural, su espacio personal se amplia. Nadie le recrimina nada ni quiere nada de él, porque lo que mejor hace, no lo puede hacer. Y de qué sirve entonces?. Si uno no hace lo que le sirve a los otros, para ellos no existís.

La sordera puede durar días o semanas. Todo termina cuando decide atender el teléfono. Ese es el momento en que la consulta está otra vez abierta y las orejas se comienzan a llenar.

Curiosamente la frecuencia con la que la sordera aparece es cada vez mayor. Y más curioso aún es que la música en su playlist, no deja de sonar.

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65. Luoti.

Lo que más le molesta es el cerebro seco pegado en las sábanas. A la sangre uno está acostumbrado, lo mismo que los huesos, que por ser chiquitos parecen de pollo. Pero el cerebro, es más asqueroso y como él no puede limpiarlo, por razones obvias, depende de si la persona que duerme con él lo quiere hacer o no. Si no lo hace y sale corriendo, como la mayoría de las veces, entonces esos pedacitos de cerebro se quedan secos y cuesta mucho lavarlos. Pero si la persona ya está acostumbrada, lo que hace es sacar las sábanas y meterlas directamente al lavarropas, con la temperatura bien alta, para que la sangre y los otros restos se disuelvan más rápido y así la sábana pueda volver a usarse.

Cuando Luoti sabe que va a tener sexo con alguien, intenta advertirles antes, pero no siempre se puede. A veces las cosas se van de las manos y todo pasa más rápido de lo esperado. Pero cuando puede, les avisa que cuando llega el punto del climax, cuando está por gozar, su cabeza explota. La mayoría se ríe. Pero el te dice que literalmente eso es lo que le pasa. Le explota la cabeza. No se muere. Pero le explota la cabeza. Se queda sin cabeza por una hora más o menos hasta que otra le empieza a crecer. Le crece más o menos rápido porque a lo sumo en dos horas, tiene una cabeza de nuevo. Y son dos horas más o menos, porque depende de si hace frío o no. Todavía no sabe explicar por qué el frío hace que crezca más lento. Una vez estaba teniendo sexo en la nieve y estuvo sin cabeza por unas 4 horas y encima la mina lo dejó tirado ahí sin cabeza y casi se congela.

No siempre todas se alarman porque le explota la cabeza, algunas chicas incluso lo encuentran un poco romántico. De hecho, su ex novia, le había hecho una bolsa a su medida, para que la usara en la cabeza, con una sonrisita y llena de agujeritos. Sin embargo, cuando se separaron, ella le dijo que se quedara con la bolsa, que nunca le había gustado. Bueno, ya saben cómo son las minas.

66. Heste.

Dicen que los peces creen que el universo es el agua, porque nunca han visto que hay más allá. Heste vive en su propio universo. No es que vive en su propio mundo, como suelen decir y por eso vive volado. No. Heste no respeta las leyes de este universo y parece ser que sólo comparte alguno de los puntos que lo ponen entre nosotros, pero su universo, es otro, totalmente diferente al nuestro. Su punto de contacto con el nuestro es a través del arte. Cada vez que él crea algo conecta con nuestra forma de ver la realidad. Por ejemplo, cuando se pide un café, sólo puede beberlo si en el momento de hacerlo, siente que está creando una nueva experiencia, si es más de lo mismo, ese café y él están en diferentes dimensiones y por lo tanto, no puede tomárselo. No se materializa.

Su única forma de interactuar con nosotros es creando. Mientras más crea, más real se hace para nosotros y más fuerte es para él el vínculo con nuestra realidad. El arte hace que él exista para nosotros y nosotros para él.

Cuando no lo hace, vive en su propio universo uno que, perdón por hablar así de él, es más aburrido. Donde todo tiene un por qué. Donde las cosas son muy claras. Donde no hay misterio. Donde las cosas pasan porque tienen que pasar y todos tienen pruebas claras de eso.

Divertidísimo.

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63. Opisti.

“Odio los quotes para empezar un relato” Anónimo.

Desprenderse para sentir que se existe. Dar para poder encontrarle un sentido a una realidad que definitivamente no la tiene. Completar al que le falta. Un intento de prolongar nuestra existencia sembrando algo material en persona. Inmortalidad barata? Opisti prefiere regalar a que le regalen. Empezó regalando sus juguetes, incluso cuando era chico. Siempre le daba más placer ver como disfrutaban los demás, que él. Una especie de sádico, pero al revés. Donar sus órganos fue casi una obviedad. Pero cuando se convirtió en el primer donante de piernas, su familia pensó que había ido muy lejos. En los últimos meses Opisti fue donando todo su cuerpo hasta quedarse sólo con su cabeza. Funciona conectado a una máquina que ya tiene regalada, pero la sonrisa no se la quita nadie. Bueno, se la tiene prometida a una amiga, pero para eso falta.

64. Spetu.

Spetu Duerme con el brazo en alto. Se pone una almohada que le impide que baje el brazo para tapar su axila. No quiere que la puertita que encontró ahí se quede bloqueada y lo que sea que salga o entre de ahí, no pueda hacerlo.

La puertita le apareció un día mientras se bañaba. Pensó que era un grano, pero en realidad era un picaporte. Después descubrió la puerta y finalmente el dintel. Era una puertita chiquita, de unos 2cm de alto por 1cm de ancho. Al principio daba un poco de grima, pero después curiosidad. Quién vive ahí dentro? Golpeó despacito y mirándose al espejo se fijó a ver si salía alguien. Le sacó el estetoscopio a su tío y lo puso contra la puertita a ver si escuchaba algo. Al principio no escuchaba nada, hasta que escuchó lo que parecía que alguien estaba viendo la televisión. Se asustó, como cualquiera lo haría, pero le daba vergüenza contárselo a alguien. Finalmente se fue acostumbrando y lo comenzó a tomar como algo normal. Incluso una vez, se compró una lapicera de 0.01 mm para escribir una nota y meterla por debajo de la puerta. Escribió sólo Hola, pero el papel era demasiado grueso y le fue imposible que cupiese por debajo de la puerta.

A Spetu no le gusta mucho hablar del tema. Lo único que te dice es que al final uno se acostumbra a las cosas. Y lo que parecía imposible, se hace cotidiano.

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61. Todin.

Cuando tenía unos 10 años vivía frente a un descampado, en el que habían unos arboles sin muchas ramas y una vereda mal puesta. Con sus hermanas, cruzaba a construir una casita en el árbol de enfrente. Habían dos árboles y la pelea con sus amigos del barrio, era para ver quién conseguía el mejor, porque era más redondito y la casita se podía hacer más fácil. Una vez, se agarraron a pedradas con otra banda para defender su reino arbolado y quedarse con el árbol redondito. Siempre le decían que había que tener cuidado con las piedras porque un chico había perdido un ojo. Por eso usaban cascotes de barro, que dolían pero no te dejaban tuerto.

Hoy por la tarde, después de 42 años esperando, Todín deja su piso en Santa Caterina para mudarse a un árbol redondito, en el que se construyó una casita, mucho mejor que la que tenía cuando era chico y que esta vez va a defender a los piedrazos, sin importarle si alguno se queda tuerto o no.

62. Ritul.

Empezó con una rama que lo dejó flotando por dos días. El viejo recuerdo lo despertó por la mañana. Una baldosa caliente y el piso junto a su panza, mientras él se recostaba y miraba el cielo. Un poquito de agua recubría el piso. Finito y calentito por el sol, mojaba la vereda y sus hermanas jugando en el pequeño jardincito de la puerta de casa. Él volvía a ser niño y se acordaba perfectamente de su cuerpo liviano, tenso, lleno de energía y donde la carne estaba casi pegada al hueso. Sentía de nuevo esa energía que se siente cuando uno es niño y todo viene por delante. Donde los problemas son entre amigos y familia. No hay trabajo. No hay gobierno. No hay dinero ni status. Ni ego ni carrera. Problemas de chicos. De los buenos. De los importantes.

Era un recuerdo que no parecía a los otros recuerdos que la gente tiene, era muy real. Casi podía sentir el olor a cemento mojado debajo de mentón.

Se levantó y empezó el día como cualquier otro, pero la sensación del recuerdo lo acompañaba a todas partes. Hasta se sentía más joven de nuevo. No le extrañó cuando su mujer le dijo que lo veía mejor, más lleno de vida. Tampoco le extraño que al verse al espejo antes de salir hacia el trabajo, se notara menos arrugas y menos panza. Se metió en el metro y como el viaje era largo, se quedó entredormido y le volvieron los recuerdos. Esta vez ya era todavía más chico y recordaba como el corazón de su mamá latía mientras él tomaba la teta. Sus manos jugaban con una cadenita de oro. Apoyaba la oreja contra el pecho y escuchaba como su mamá hablaba con una amiga, mientras él miraba todo desde abajo. Volvió a sentirse seguro, feliz. Nada en el mundo le importaba más. Estaba completo. Entendía que ahí no podía pasarle nada, su mamá lo protegía de cualquier cosa que ocurriese allá afuera, fuese lo que eso fuese, porque todavía no lo descubría. No había prisa.

Se bajó del metro, caminó dos cuadras y entró en el trabajo. Saludó a la chica de la puerta como todos los días, y siguió hacia su oficina, sin preocuparse demasiado porque la chica no le devolvió el saludo y se quedó mirándolo. Antes de entrar en la oficina, se dio cuenta que la chica estaba atrás de él, mirándolo un poco asustada hasta que le preguntó si necesitaba algo.

Ritul se rió y le dijo que un café que venía medio dormido. La chica le dijo que si venía a buscar a alguien y que cómo había entrado. Él le dijo que por la puerta y que se dejara de joder que tenía un día bastante largo. La chica le dijo que si no se iba, tendría que llamar a la policía. Ritul no entendía nada mientras se acercaba a la cocina para buscar un café. Siempre llegaba primero que nadie así que no había gente en la cocina. Puso la capsulita en la máquina y cuando se notó las manos más flacas. De casualidad se miró en el reflejo del microondas y se reencontró con una cara que hacía 32 años que no veía. El ruido de la maquina del café lo sacó del trance. Se metió corriendo al servicio de hombres y se trancó en uno de los cubículos del baño. La chica desde afuera, le gritaba que había llamado a la policía. Todavía no entiende por qué, pero apagó la luz.

Se sentó en el inodoro. No entendía lo que pasaba. Cerró los ojos y vino otro recuerdo. Estaba sentado en la cocina de la casa. Su hermana más chica estaba en el cochecito. Eran los tres esperando a que llegara el papá del trabajo. La mamá le estaba enseñando a comer y su hermana no quería y por eso lloraba. Él se acordaba de un jueguito que le habían enseñado cuando era chico en el que decía algo así como: Un dos tres, quién es? Jimwes. Pasá. Tomá! Y se daba una cachetada en la cara. Esto parecía funcionar de maravilla y la hermana se moría de risa. Cuando se reía, volvía a comer. Los tres, solos en la casa, con todas las luces apagadas, en un invierno de esos fríos, fríos, refugiados junto al horno encendido de una cocina, en la que sólo había una luz y cuatro personas esperando a que papá llegara de un largo día de trabajo.

Se despertó del recuerdo cuando una voz de un hombre golpeaba la puerta. Abra joven, le decía el hombre. Cuando Ritul respondío que sí, que sólo un minuto, se le heló la sangre. Su voz era suave y arrastraba las S convirtiéndolas en Z.

Todavía se acuerda de la cara de la chica y el señor al mirarlos como se bajaba del inodoro, porque no hacía píe. Es un niño, dijo el señor, cómo llegaste acá le preguntó. Taminando respondió él.

Los recuerdos dejaron de venir y en un par de días Ritul recuperó su edad natural. Sus problemas naturales y su depresión natural. Por ahora sólo quema algo en las vacaciones y por las dudas, alquila casas que tengan una cerca alrededor de la piscina.