Memorias Agujereadas.

Memorias que van y vuelven con caras, personas, lugares y cientos de cosas, menos con olores.  Parece que últimamente mis recuerdos quieren salir a la superficie y mostrarse como son, en toda su plenitud. Pero por algún motivo, no abundan. No florecen. Hay palabras, historias, días y noches que yo ya no recuerdo. Que yo ya no tengo. Duele y molesta, porque ya no son mías, ni de nadie. Son momentos perdidos en ese pozo asqueroso que me aterroriza y paraliza. Olvidado y perdido. En una caja. En una foto que nadie vuelve a ver. Sin cabos de donde agarrarse para que el olvido se trague todos esos momentos. Que eran míos y desaparecen poco a poco. Sin esperanza de vida. Sin ganas de que otros quieran contar esas historias. Esos momentos. Granitos de tiempo que se escapan entre los dedos mientras la realidad y el futuro los empujan a patadas. Porque no hay ganas de hacer ni de decir. Son las 4 de la mañana en algún lugar y las 6 de la tarde en otro. A quien le importa si no podemos recordarlo, si no hacemos algo que quede ahí para siempre.

Quema, molesta y se pega. Se pegotea. Pero no se queda. Se la come el agua. El tiempo. Las nuevas risas. Los nuevos ojos. Memorias mías que eran de varios. De varias. Así se me van y no puedo hacer nada. Ni vos tampoco. 

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