Seco.


Como los engranajes de una bicicleta al sol durante varios veranos. Herrumbrado y grañoso. Árido como ese beso que sabe a noches de cigarrillos y ron barato. Corroído entre dudas que ya no son adolescentes pero distan de ser interesantes. Abatido y apesumbrado. Malditas palabras que no me alcanzan para describir lo que siente mi garganta sedienta de vino rojo.

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