Por la espalda.

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Uno se siente como el más vivo. El más inteligente. El que siente que hizo la jugada justa. Que es más que el resto. Y no se da cuenta que es un boludo. Que hace sufrir. Porque ser traicionado nos duele. Porque perder la confianza desinfla el amor. Porque sentir que el otro no te banca te hace sentir sólo. Que estás perdiendo el tiempo. Que para qué. Que por qué. Claro que duele. Es un puñal que atraviesa la espalda y llega hasta la el corazón. Duele. Pero no sólo para el que lo sufre, sino para el que lo hace. Podés esconderlo. Podés creer que lo escondés, sin embargo no termina. No es suficiente. Sabés que está ahí. Sabes que huele a muerto. Quizás porque hay algo que ha pasado a mejor vida dentro de vos.
No soy nadie para tirar la primer piedra. Soy el encargado de recibirlas todas. Hago mi mea culpa. Por lo que hice. Por lo que soy. Por lo que fui. Pido perdón. Te saco el puñal de la espalda y te beso la herida hasta que sane. O al menos eso espero. Porque se lo que duele. Porque así como vos lo sentiste. Yo también lo sentí. Y quizás una cosa está mezclada con la otra. O no. Uno nunca sabe. Como todo en este viaje. Donde ni vos ni yo somos lo que manejan el bondi.

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