Alegría.

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Se hizo de día y no quería salir de la cama. Seguía abrazado a un pulpo que todavía dormía. El problema de dormir con pulpos es que babosean las sábanas. Si hubiese sido por él no se levantaba, pero tenía miedo que el pulpo se levantara antes y empezase a deambular por la casa. Se paró, se puso el mameluco y comenzó a trabajar en la casa, había muchas cosas para arreglar. El techo tenía un agujero del tamaño de una cama y por ahí, seguro se metían los cuervos más tarde. Como no había conseguido tejas, había empezado a utilizar botellas de plástico, una pegada a la otra habían servido para construir un tapón improvisado. El vecino, que lo miraba mientras tocaba la gaita, le decía que anoche había escuchado ruidos raros, como aullidos, si sabía de algo. Que no, que no sabía de que estaba hablando, que era normal escuchar gritos, en especial en esta época del año.

Sin terminar de arreglar el techo, se metió de nuevo en la casa, estaba por empezar su programa favorito. El pulpo ya estaba sentado en la mesa y lo miraba. Es lo que los pulpos hacen. Miran y mueven sus brazos. No hablan. No besan. No comen. No se complican la vida. Se sentó junto al pulpo, puso la televisión y se sirvió un par de maníes con mayonesa. Era su desayuno favorito. Desde hacía unos años había estado probando diferentes cosas para desayunar y había terminado por decidir que esos dos maníes, salados y pelados, junto con un tarro de mayonesa de 100mg era el mejor desayuno que un hombre podía tener. Le había costado descubrirlo, sin embargo, el descubrimiento final era fantástico.

Empezó y terminó el programa y él seguía ahí. El pulpo se había ido sin hacer mucho ruido. Ni miró cuando cerró la puerta. Encendió la pipa y se puso a mirar por el agujero de la cerradura de la puerta de la entrada. Quería ver si veía algo nuevo. Nada. Más de lo mismo. Se volvió a la cama.

Pasaron un par de años y volvió a levantarse. La casa estaba inundada y su cama estaba arrinconada contra la cocina. Un pulpo lo miraba desde el agua y antes de que él o el pulpo se dieran cuenta, un cuervo lo levantó del agua y comenzó a despedazarlo junto a otros cuervos. Sintió un poco de pena por el pulpo pero se dio vuelta y siguió durmiendo. Nada había cambiado y nada le daba razones para salir de la cama.

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