25 & 26 / 100

25-26
25.Morei.

Una vez leí Funes el Memorioso, de Borges y de lo primero que me acordé fue de Morei. No porque se parecieran, o porque Borges me hubiese robado el relato. No, porque lo de Morei era parecido, pero diferente. Morei también no podía olvidar. Pero no por un tema de memoria, no. Su caso era de que él no quería olvidar y para eso guardaba todo lo que se encontraba. Todo con lo que interactuaba. Era una forma de que la memoria siguiera ahí para siempre. Tenía guardado todo con lo que interactuaba. Se robó la butaca de cine donde besó a su primer novia. Tenía el bus escolar que lo llevaba a la escuela. El proyecto de ciencias con el que ganó el primer premio. Su primer triciclo. Todo lo que lo hacía feliz, lo guardaba. Un día, su perro Terry se murió y él decidió guardarlo en un tubo con formol. Creo que ahí la cosa se puso rara, porque cuando su papá también se murió, quiso hacer lo mismo. Y después de varias peleas legales y manifestaciones en su contra. Don Armando, está en el living de la casa de Morei, flotando en su tubo de Formol.

Me alegra ser amigo de Morei, aunque no se si me alegra que me quiera tanto.

26.Tuzil.

A todos nos pasa, cuando somos chicos queremos ser grandes y cuando somos grandes queremos ser chicos.

No una mañana cualquiera, sino la del día después de su cumpleaños número 30, Tuzil se despertó sintiéndose un poco más liviano. Se levantó y el espejo le dio una cachetada de la que no se olvida más. Era él, pero no era él. Ahora tenía unos 14 años. No tenía 14, pero se veía de 14. Un bozo que se le colaba sobre la parte superior de los labios. Algunos granos. Mucho más flaco y la cabeza media deformada. Se miró bajo el calzoncillo y sí. Todo era como si tuviese 14 años. Aunque él recordaba todo, incluso lo de ayer. O sea que seguía siendo el de 30 en un cuerpo de 14.

No le dio miedo ni nada, porque pensó que era genial, ahora podía volver a empezar de ahí. Se rió y se preguntó que haría ese día. Llamó al trabajo y dijo que no iba a ir, que estaba mal. Vivió el día como lo viviría un pibe de 30 que de repente tiene 14. Se hizo el galán con niñas de 15. Robó cosas, si total era menor. No hizo nada y se pasó horas jugando a los video juegos. Se hizo 22 pajas. Se fue a dormir feliz.

Cuando se despertó al día siguiente, ya no se sentía tan liviano. Incluso al bajarse de la cama, le dió un tirón en la espalda. De camino al baño se sintió mas lento. Paf. Otro cachetazo del espejo. Ahora se veía de unos 85 años. Se miró debajo del calzoncillo. Si, 85 años bien estirados. Volvió a llamar al trabajo, esta vez haciéndose pasar por su padre y se quedó todo el día en casa. Pensando. Recordando. Esperando a quedarse dormido y ver con que lo esperaba el día siguiente. Sin embargo, antes de que el sueño lo acorralara, se quitó el calzoncillo. No quería esperar a que el espejo lo volviese a cachetear.

Leave A Comment