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33.Igassy

Despacio y sin hacer ruido, Igassy entró en la habitación. Se sentó en el borde de la cama y muy, pero muy despacito se empezó a desvestir. Su mujer dormía y todavía olía a alcohol. Espero que se lo haya pasado bien – pensó mientras se metía en la cama. No quiso ni tocarla para no interrumpir ese sueño que debería ser reparador.
De mañana, le preparó el desayuno, que terminó convirtiéndose en almuerzo para la hora que ella salió de la cama.
Humor de perros. Levantarse cruzada. Mala resaca. Llamalo como quieras. Ni buen día dijo, ni mucho menos se rió del chiste que Igassy tiró como para intentar levantar una sonrisa. De hecho el chiste cayó al piso y se hizo mil pedacitos de mala onda.

Cuando le preguntás a Igassy como aguanta, parece que no le molesta. Te lo explica sin grandes teatralidades ni rituales. Se enciende un cigarrillo y te habla despacio. Con una sonrisa que dispersa cualquier olor a mala onda que haya flotando.

– Uno se acostumbra. Se te hace como un cuerito de grasa que te recubre y en el que no entran aguijones. Y con cada mala onda, aparece una sonrisa de nuevo. Y no es falsa. No es de goma. Es de esas estúpidas optimistas nacidas para ser descuartizadas. Y es que no entiendo como alguien puede vivir de mala onda. Queriendo el mal de los otros. Enculado con el mundo. Para qué querés pegar? Para qué querés gritar? No estás de acuerdo? Andáte. No te gusta lo que dicen? No lo escuches. Siempre está bien para unos y mal para otros. El problema es cuando uno de los bandos quiere convencer al otro y para eso, usa la fuerza. No lo entiendo. No lo quiero. No sé como se hace. No me sale. Por eso me río. Creo que mis sonrisas se alimentan de esa mala onda pulverizada.

Y así te quedás. Con ganas de cagarlo a piñas por su forma de ser. Y por eso el se ríe cuando te lo cuenta.

34.Flost

Y te pasa y a muchos le pasa. Se creen especiales. Se creen únicos. Nos creemos únicos. Nos creemos que somos Nemo en Matrix o Jesús en Jerusalén. Pero no somos. Nosotros no somos. Flost si lo es.

Lo que pasa es que no lo sabe. Se lo huele, pero no lo sabe con certeza. Hay cosas que le levantan sospechas: Escucha una voz que le dice que hacer. La gente se le acerca. Habla con parábolas. Multiplica panes. Brilla por la noche. Entiende a todos y todo. Si te toca, se te va la fiebre. Hizo que su papá se curara de cáncer con sólo tocarlo. Te juro que si te lo cuentan, pensás realmente que él, es el mesías.

Pero el problema no es ese. El problema es que él es ateo. No cree en nada. Entonces, él sabe que es un santo o una persona iluminada, pero no sabe de qué religión. No sabe si es a quién están esperando los Judíos o si es un nuevo santo de los católicos. No entiende si es un Buda o el profeta Mahdi. No lo sabe.

Mientras, espera y entre milagro y milagro se queda pensando como siguen las cosas, porque pase lo que pase, las cosas siguen pasando.

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