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35. Bugit.

De chiquito quería volar. No para dar la vuelta al mundo, simplemente para poder llegar a la terraza de su casa. O para saltar desde ahí sin hacerse daño. No quería volar mucho, un poquito nomás. Cuando hablaba de que bueno sería volar y todos sus amigos empezaban a decir que querían volar para llegar a lugares lejanos e inhóspitos. Bugit se sentía mal, porque él quería volar, pero no tan lejos. Hasta lo de su tía Amalia o a lo sumo hasta el kiosco.

Y como siempre pasa, nos vamos haciendo viejos y esas cosas quedan para los chicos. La imaginación y lo imposible queda para ellos. Los grandes se echan encima problemas inventados. Metas sin sentido. Inseguridades que no hacen más que agrandarse a medida que las arrugas se esparcen por todos lados.

Sin embargo, a Bugit no le pasó eso. Desde que tiene 12 años está entrenando a las palomas de su abuelo. Para que vuelen todas juntas. Para donde él quiera y poco a poco las ha ido preparando para que puedan cargarlo. Les ha hecho unas pequeñas monturitas que tienen unas soguitas que se unen a un arnés. Se podría decir que es hasta un poquito tierno.

En el último intento, 12 palomas murieron de una hernia. Bugit tiene que elegir entre dejar de comer medialunas de manteca o querer volar hasta el lo de su prima Nancy.

36. Gapo.

Se puede decir que Gapo es preso de sus palabras. Sin embargo, si quisiéramos ser más precisos, Gapo es preso de sus promesas incumplidas. Si. El tema es que cada vez que Gapo no cumple una promesa, una puerta se sella y no se puede abrir más. Al menos, él no puede abrirla más.

Parece una estupidez, pero imagínate que dijiste que no ibas a fumar más y te prendés un cigarrillo en el baño y cuando querés salir, la puerta no abre. Nunca más. ¿Te quedás preso, no? Bueno, eso le pasa a Gapo. ¿Dijo que nunca la iba a abandonar? La dejó y pum, la puerta del auto no se abre más. ¿Dijo que nunca iba a ver una peli de Stallone? Rocky 12, ¿Cómo perdérsela? Taka, la puerta de su oficina sellada para siempre.

Y así con la puerta de casa, la puerta de lo de sus padres, de lo de su novia, del dormitorio, del placard, de varios restaurantes y hasta la puerta giratoria del bar no le abre.

No, si cuando te digo que vive preso de sus palabras, no exagero.

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