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47. Yelimi.

Matemáticamente es probable. De los billones de estrellas que existen, más los billones de planetas que las rodean. Sumados a la posibilidad que no vivan en planetas, sino simplemente en el espacio o incluso aquí mismo, en las profundidades de nuestros océanos o en una realidad paralela. No creer que existan sería de muy poca imaginación.

Sin embargo, ese no es el tema de Yelimi. Él está convencido no sólo de que existen, sino de que viven entre nosotros. Que forman han formado parte de nuestras vidas desde hace milenios y que muy pronto esa verdad se dará a conocer. No será un evento que veas en los telediarios. No. No hay necesidad. Es algo que sólo se hace con tiempo. Poco a poco, iremos olvidando como éramos y convirtiéndonos en lo que ellos quieren que seamos. Parte de ellos, parte de nosotros. Lo mejor de los dos para crear algo nuevo. Él no se anima a pensar qué es o qué será. Pero está seguro de que sea lo que sea, va a pasar lo que pasa en las películas, pero no como en las películas.

48. Uketu.

Cuando tenía 5 años se dio cuenta que no llamaba la atención. Se perdió en un supermercado y su familia no sintió su falta hasta pasada una semana cuando volvieron al supermercado y esta vez él si se subió al auto. Se fue acostumbrando a que la gente no quisiera pasar tiempo con él o no se dieran cuenta si estaba o no. Tenía sus ventajas, nadie preguntaba por él en el trabajo. Nunca se enojaban si llegaba tarde. No lo tenían en cuenta para organizar nada. Su madre no se enoja si no le llama. Su mujer no lo cela. Sus amigos no se enojan si él hace nuevos amigos. Sus hermanos no se pelean por ser el hermano preferido. Nadie se vuelve loco por querer pasar tiempo con él. Es olvidable.

Con el tiempo, Uketu le ha ido encontrando el gustito y hasta agradece ser así. Está seguro que cuando le toque el turno y la muerte lo tenga que venir a buscar, seguro se olvida de él.

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