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53. Amell.

Es como una onda expansiva. Un epicentro que crece destruyendo todo lo que toca. 2.756 personas fueron las víctimas de la última explosión. Por supuesto. Nadie sabe que fue él. Tampoco Amell se siente orgulloso. No todo lo que uno hace, te enorgullece. Es su cruz. Su pena. Tiene esa chispa, pero que como todo, cuando se pasa, puede ser demasiado. Es que Amell no se ríe mucho, pero cuando lo hace, tiene una risa tan contagiosa, pero tan contagiosa, que no podés parar de reír. Y así, se va contagiando al resto. Una risa que no se puede parar hasta que no hay más aire. Hasta que tus pulmones no dan mas. Hasta que la panza duele y el diafragma revienta. Y te morís, mientras Amell contiene su risa, para intentar dejar de hacer más daño.

54. Josti.

Un dedo en el medio del pecho. Eso es lo que Josti tiene. ¿Qué esperas después de trabajar durante años limpiando tachos que venían de la vieja Ucrania? Tampoco es que sea un dedo feo, no para nada, si hasta tiene su pequeña uñita y todo. Eso sí, a veces se olvida de cortársela bien y hace que al moverse, le haga un agujerito chiquitito en el pecho de la camiseta. Cuando la gente pregunta, ¿Cómo se te hizo ese agujerito ahí? Josti se ríe vergonzoso y no dice nada. No es que tenga mucha utilidad el dedito ahí. Quizás para ayudarte a señalar un libro o tenerte la servilleta, pero nada más que eso. Lo que jode de Josti, es que sea de esos que abrazan mucho. Para los hombres no jode tanto, pero a las minas les incomoda. En especial esas que vienen sobradas de escote.

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