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69. Gigili.

Empezó un poco por rebeldía. Cuando era chico no le gustaba leer. Su papá y mamá, eran grandes lectores y escritores. Sin embargo, Gigili siempre estuvo en contra de leer. Sus padres se esforzaron mucho y después de peleas y gritos, él aprendió casi con 10 años y después de repetir 3 veces primer grado. Con el tiempo, la cosa se fue acentuando. Cada vez que tenía que leer algo en la escuela, le causaba problemas. Aprobaba porque escuchaba lo que el profesor decía en clase y hacía los exámenes de memoria. Pero tenía que leer lo que escribía y eso también le molestaba, así que aprendió a escribir con los ojos cerrados.

Terminó la primaria con 15 años y obviamente dejó de leer por completo. Así el tema se intensificó y empezó a tener una especie de fobia a las palabras. Se pone nervioso. Transpira. Siente como si la cabeza le picara por dentro. Como si su sangre fuese arena que le recorre el cuerpo. Ya no es un tema de rebeldía, es casi una alergia biológica. Por eso intenta evitar todo contacto con las palabras. Salir a la calle es una tortura. Ver la televisión, mirar por la ventana, recibir amigos con t-shirts escritas. Todo es una pesadilla. Sin embargo, él tiene un plan. Está juntando dinero para poder irse a vivir a un país donde no entienda nada de lo que se escribe. El problema claro, es leer los números de los billetes, cosa que lo molesta todavía mas que leer letras. Cada vez que ve un número, una pequeña gota de sangre, cae de su nariz.

De todas formas, si no fuese por este pequeño problemas con las letras y los números, podríamos decir que es un tipo feliz.

70. Petui.

El programa de televisión se llamaba “Héroes Reales” y lo pasaban en un canal de cable local. Petui participó por su capacidad para que le crezcan rulos en el bigote y llegó tranquilamente a la final. Su barba y bigote crece de una forma afro. Más que bigote parece una entrepierna. Cuando era adolescente la gente se le reía, pero a él no le importaba y creía que en un momento de la vida iba a ser reconocido por eso. Ese momento se llamaba “Héroes reales”. Cuando llegó a la final y la ganó. La gente en la calle lo reconocía. Lo saludaba. Ahí va el señor del bigote, decían y él se sentía importante. Eso debe haber durado unos 6 meses como máximo.

Hoy Petui, pese a seguir usando ese bigote afro, no impone respeto ni nada por el estilo, de hecho, en vez de gritarle: Ahí va el señor del bigote, le gritan cosas más feas, que incluyen entrepiernas, madres y cosas por el estilo. Pero contrariamente a lo que todos pudieran pensar, él se pone contento cuando le gritan. Todavía sigo vivo, piensa.

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