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75. Jutie.

No hace ni calor ni frío. Es uno de esos días chotos que parece que no pasa nada y generalmente no pasa nada. Jutie se fuma el último cigarrillo sentado en la entrada de su casa. Habían dicho que se juntaban a las 3 y media. Eran las 4 y todavía no aparece ninguno. Jutie putea bajo, porque se quedó sin cigarrillos y a esta hora todavía no abre el almacén para manguear otro paquete de 43/70. Escupe y se pone la colilla del cigarrillo entre el índice y el pulgar derecho. Lo dispara hacia la acequia y el poco humo que todavía sale del cigarrillo dibuja una curva en el aire.

¿Aburrido? Pregunta el primero de los genios en llegar. Dale pelotudo, simpre tarde ustedes ¿Y los otros? Apura Jutie sin levantarse del escalón de la entrada de su casa.

Ya van a venir. Acordáte que te aparecen en un segundo, por eso son genios, ¿no?. Mirá, cada vez me la creo menos, le responde Juite al genio. Puff, una bola de humo y los otros 6 genios aparecen en un segundo. Un gordo vestido de árabe. Un barbudo que parecía Sandokán, los mellizos, la mujer genio, que había echado un poco de panza y el gran genio indio.

No hagan esas apariciones, ¿Por qué no pueden venir caminando como todo el mundo? pregunta Juite, un tanto enojado. Los genios se ríen y con un tono soberbio le responden que ellos no son como todo el mundo. La conversación no avanza y entonces Juite se mete a la casa mientras los genios hacen aparecer unas cervezas frías y se las ponen a tomar en el jardincito de la puerta de casa. Al rato, Juite sale de casa con la lámpara y les dice que ya está bien, que es hora de que vuelvan a meterse a dentro de la lámpara. Que la cosa así no da. Obviamente los genios se le cagan de risa, y hacen aparecer más cerveza, esta vez no tan fría. Juite amenaza con llamar a la policía. Más carcajadas. Puff. Todos los genios ahora están con gorras de policía en la cabeza. Puff. Ahora todas las gorras cambian de color azul a lunares rosados y amarillos. La carcajada se hace más grande y Juite no sabe que hacer. Pasa el tiempo y los genios empiezan a desaparecer dejando todo el jardincito lleno de botellas vacías de cerveza. Nos vemos mañana, dice el genio gordo y antes del puff que acompaña su desaparición, se tira un eructo que intenta decir el nombre de Juite, pero se corta en la i y lo completa con una risotada.

Juite no sabe como sacarse de encima a los genios con los que vive. Salieron de la lámpara siendo simples genios y hoy son cualquiera. Ni un sólo deseo le cumplieron. Genios turros.

76. Ijote.

El médico le dijo que no había visto nada así. Que había visto muchas cosas raras en su vida, pero nunca algo como esto. Los órganos del cuerpo estaban organizados como en un laberinto. Los tiene todos y del mismo tamaño, pero su forma y cómo están dispuestos es completamente único. En la tomografía se ve perfecto como los órganos recrean con exacta precisión el laberinto de los jardines de Sabatini en Madrid.

Es impresionante. Todo funciona bien a no ser por el tema que a veces las sensaciones y emociones se marean y confunden el sentido de su funcionamiento. Por ejemplo, el corazón se pierde y bombea orina. O los pulmones respiran sangre. O a veces el corazón late y entonces Ijote se caga. No es nada terrible, porque no pasa todos los días. Pero pasa.

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