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83. Fekit.

Obviamente su mujer se opuso. ¿A quién se le ocurre construir su casa como un tren fantasma? La convenció diciéndole que así la relación siempre estaría viva y nunca se aburrirían. Su mujer, cansada de ver cómo sus amigas se separaban o divorciaban, pensó que quizás no era una mala idea. Negoció que si lo iban a hacer, ella podría decidir sobre algunos de los sustos que se darían. Él accedió.

Al principio la construcción y la discusión sobre los sustos les llevaba todo el día y los mantenía interesados. Al poco tiempo las cosas se empezaron a normalizar y era de lo más común el estar hablando de fantasmas, zombies, monstruos, demonios o brujas. Se hizo cosa de todos los días.

Cuando la estructura gruesa de la casa ya estaba hecha y empezaron a construir los rieles, fue que Fekit se dio cuenta que esa casa que él quería, ya no era tal cual se la había imaginado. En la puerta, él había imaginado una cara de un demonio y la entrada justo por la boca. Ahora era simplemente una doble puerta y en vez de ojos de demonio, eran simplemente ventanas. O al menos así lo veía él.

Ya llevan años viviendo en esa casa, que según ella es un tren fantasma, pero para él, es una casa común y corriente, que no quedó como él quería. Eso sí, el trencito te recoge en la entrada y te deja directo en la cocina, sin antes pasar por el zombie decapitado y un Drácula que te saca los abrigos para guardarlos en la panza de un dragón que tira papel picado rojo.

84. Lireto.

Una vez le dijeron que los de Aries eran obsesionados con la belleza. Que era una adicción. Pero Lireto no es de Aries. No. El simplemente se enamora de todo lo que ve. Lo encuentra fascinante. A todo le ve lo hermoso. Y no es que simplemente le gustan las cosas. No. Se enamora. El corazón le late más fuerte. Las pupilas se le dilatan. Se toca el cabello. Se pone un poco nervioso. Y le pasa con todo. Desde el vaso con vino que le ponen en el bar, hasta del mozo gordo y sucio que se lo sirve. Se enamora de todo. Muchos piensan que es un tierno. Que su vida debe ser una hermosura. Lejos de la verdad. Enamorarse significa involucrarse. Preocuparse. Querer estar tiempo con eso que nos roba el corazón. Y no siempre es así. Lireto sufre con cada separación. El pecho se le abre y el dolor se le mete como un alien, pero al revés. El dolor de la perdida le estruja el aire y lo deja paralizado. Lo bueno, porque siempre hay algo bueno, es que se vuelve a enamorar, y adolorido, vuelve a la batalla, una vez más.

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