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85. Mosui.

Nos enseñan que se llaman deja-vú. Cuando vemos a alguien que ya vimos. Cuando sentimos que ya estuvimos ahí. Pero lo que nadie nos enseña es cuando nos encontramos varias veces con las mismas personas en un día.

Hoy están sentados al lado de nosotros en el tren, más tarde nos los cruzamos en la calle y en dos días, en otra ciudad nos los volvemos a encontrar. Nos dicen que se llaman coincidencias. Sin embargo, para Mosui, el tema es simplemente falta de presupuesto de producción.

Él llega a encontrarse hasta 7 veces en un día con las mismas personas. Va en el metro y la señora de saco a cuadros, es la misma que más tarde será la moza en el café donde pidió un café con leche. Unas horas después se la cruzará caminando por la calle y luego seguramente en el supermercado. Lo extraño, es cuando la ve salir del edificio de al lado o incluso, en un reportaje en la televisión. Esto le pasa a Mosui, todos los días. Su grupo de gente cambia cada mañana, pero a lo largo del día, se repiten constantemente. No todos obviamente, pero un gran porcentaje, entre unos 10 a 20 puede ser la media. Una vez los contó y llegó a 17. 17 personas que se encontró más de tres veces en el mismo día. Él cree que es porque su vida es tan simple que el destino no quiere invertir mucho en él e intenta tener una producción low cost.

No se queja, pero a veces le gustaría tener una vida que cuide más de los detalles.

86. Jonet.

No todas las frutas maduran al mismo tiempo. Incluso las frutas de un mismo árbol maduran de forma diferente. Saber cuando están listas es una cualidad. Una especie de don. Jonet tiene un don parecido. Pero con personas.

Cuando él le pasa la lengua a alguien, sabe si está maduro. Es decir, que sabe si una persona logró su madurez en esa etapa de la vida. Por ejemplo, si le pasa la lengua a un niño puede saber si está listo para entrar en la adolescencia o todavía le falta aprender algunas cosas. Lo mismo con los adultos, con los ancianos, con los inseguros, con los inestables. Un toque de su lengua con la axila de la otra persona y él puede estar seguro si ella está lista o no, para su próximo paso.

Una vez le preguntaron a que sabía la madurez y dijo que es un sabor un tanto amargo, pero con dejos de dulzura al final. Es un sabor que llena la boca pero no empalaga.

Fantástico don. El tema es dejar que un extraño te chupetee la axila. Da un poco de asquito, ¿no? Además de que al mismo Jonet no le gusta andar lamiendo axilas de cualquiera.

Pero pese a que todo tiene un precio, Jonet hace descuento a quien quiera pagar. En especial si son hermosas jovencitas de veintitantos.

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