93 & 94 / 100

93-94
93. Sileti.

El espejo te pinta tal como sos. Miedo a mirarte a los ojos. Miedo a perder la cabeza al darte cuenta que no sos vos ese que se refleja. Porque no tenés la perfección que querés. Porque no sos eso que tanto querías y buscabas. Ahí empiezan las quejas. Quejas que no terminan.

Es que no tuve tiempo. Y si me dan muchísimo tiempo. Es que a mi me agreden. Es que nadie me quiere. Es que no puede ser. Es que es el país. Qué querés con esta gente. Y viene de familia, viste?. Obvio, si esto sólo pasa aquí. Sólo me puede pasar a mi. Es que estoy cansado. Es que no aguanto más. Es que así no se puede vivir. Es que así cómo querés que sea feliz. Porque si no me ayudan cómo hago. Porque al final no vale la pena. Porque con esta cara, qué querés que haga. Porque yo soy así y no lo puedo cambiar. Porque no da para más. Porque se me van escapando trozos de tiempo sin que me pueda comer nada.

Sileti se queja. Se queja cómo se quejan todos. Cómo nos quejamos todos. Se queja de él, se queja de los que se quejan, se queja de la queja si es que eso se puede.

Sale de casa, se siente solo. Se siente un poco tonto al no encontrarse con amigos en una ciudad que lo conoce desde que nació. Empieza la queja. Le gusta ir al mismo bar. Le gusta quejarse del dueño y de lo que le pasa. Pide cerveza fría. Pide siempre la misma y siempre se queja de que no se la ponen lo suficientemente fría que a él le gusta. Incluso cuando se congela, se queja porque se les fue la mano. Es un tipo al que le gusta hablar. De él. De sus cosas. De sus quejas. Habla y te engancha. Porque de tanto quejarse, aprende de muchas cosas. De muchos temas. Quejarse es una forma de aprender, dice y quizás no se equivoca.

Sale a fumar. Se queja de que nadie tiene fuego. Enciende el cigarrillo y se queja de que no se enciende exactamente como a él le gusta. Parejo, pero no mucho. Esta mierda de cigarrillo. Las cigarreras no sólo nos matan, nos roban. La puta madre, no puedo dejarlo. Se queja de no tener fuerza de voluntad. De ser adicto. De que le enseñaron cuando era chico. Una novia que no sabía lo que quería y ahora él no sabe por que lo hace. Se queja de escuchar a su novia. De no ser tan macho como le gustaría.

No llueve pero el tiempo parece estar tramando algo feo. No termina el cigarrillo. La queja viene por el lado de que nunca termina nada. Porque nada es lo suficientemente entretenido como para mantenerlo enganchado. Se queja de que le hecha la culpa a otras cosas. Se queja de que no tiene huevos de asumir sus limitaciones. Y se queja de tenerlas.

Con el tiempo las quejas se hicieron llagas. Se fueron enterrando y haciendo surcos y por ellas ya pasa el tiempo. Se atasca. No resbala. No pasa. Se inunda de queja la piel. El alma. La cabeza. El corazón.

Tose. Como intentando echarlo a la calle. Devolverlo a la vereda. Sileti se sienta. Se queja de que está demasiado viejo. Se queja de que ya no puede respirar. Espera poder quejarse de lo que viene. Se queja de que todavía no lo sabe.

94. Repili.

Calma. Ya va a llamar. Es su cumpleaños. Hace más de 25 años que vive fuera de su país y en todo este tiempo, su papá no le ha llamado. Ojo, que él tampoco es un tipo al que le guste llamar. Repili no llama. El teléfono le produce una especie de rechazo. Es casi físico. Se empieza a sentir bastante mal de sólo pensarlo. No lleva su teléfono con él. Generalmente lo guarda en el bolso o la mochila, pero nunca lo lleva encima. Le da una especie de asco tocarlo. Prefiere conversaciones cortas y directas. Tampoco mensajes de textos, whatsup, Facebook o lo que sea. Tranquilo, ya va a llamar. Todavía quedan 20 minutos para que termine el día, además quizás con la diferencia horaria, cree que tiene más tiempo.

Su papá no le llama nunca, quizás tiene el mismo problema que él. Quizás es una cosa genética. El teléfono o las ondas telefónicas generan cierta reacción química que les impide comunicarse.

Suena el teléfono. Repili se emociona porque que quizás es su papá. Pero a la vez le aterra el tener que poner ese artefacto cerca de su oído. Acercar esa pieza de tecnología que le produce cierto escozor. Es como tener una cucaracha en las venas. Escuchar una rata toser. Tirarse los pelos púbicos con el cierre del pantalón. Estar a punto de estornudar y no hacerlo. Arrancarse ese grano que toca el nervio. Pegarse en el dedo chiquito del pie con el borde de una mesa. Sentir una piedra rasparte la córnea. Enterrarse una astilla debajo de las uñas. No poder gritarle a esa persona que odias. Ahogarse en un pozo séptico. Atragantarse con su propio vómito. Despegarse una uña con el hilo de un calcetín. Cortarse entre los dedos con una hoja de papel. No poder rascarse en el medio de la espalda. Descubrirse arrugas. Agarrarse los fríos rollos de la cintura. Pisar una cucaracha con alas. Atragantarse con una mosca. Tener el nombre de alguien en la punta de la lengua y no poder sacarlo. No encontrar estacionamiento mientras te estás haciendo pis. Estar enamorado de alguien y no ser correspondido. Saber que eso que tanto te gusta, no va a volver. Nunca.

El teléfono vuelve a sonar. Junta coraje y atiende. Hola, papá?, ataca Repili. Le llamamos de Jazztel para ofrecerle un servicio especial de…

Debe ser que cree que es mañana. Piensa y prende una antorcha para poder dormir.

Leave A Comment