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97. Zoot.

Se puede decir que es buen tipo. Que es uno de esos amigos de fierro. Que la gente lo quiere. Que sus amigos lo quieren y respetan. Pero quizás todo eso se quede corto. Porque lo que hace Zoot, va más allá de la amistad. Es como que lo pone en otro lugar. Le da otra dimensión.

Zoot tiene un amigo. Su mejor amigo. Alguien que conoce desde hace mucho tiempo. Años. Ya no se acuerdan si son amigos o hermanos. Los años se amontonan en la memoria y confunden todo. Menos, lo que le pasa cuando está junto a su amigo.

No fue una cosa que pasó desde que se conocieron, fue una cosa gradual, que se supone, fue creciendo junto a la amistad. Mientras Zoot pasa más tiempo con su mejor amigo, más ciego se queda.

La visión se va perdiendo a medida que más cosas comparten. Pasan las vacaciones juntos, pum! aparece la miopía. Ven el mundial juntos, zanga! El antimagtismo se hace cosa de todos los días. Se abren una empresa juntos y, pam! Llévate este glaucoma a casa.

Ayer el amigo de Zoot lo invitó a ser el padrino de su primer hijo. Él, por las dudas, ya se compró los lentes negros.

98. Yepui.

Todos somos héroes en un momento u otro. Nos demos cuenta o no. Pasa que a veces algunos hacen ese acto heroico frente a muchas personas y otros desde el anonimato. Esta es una de las cosas que pasan y dividen a los héroes. Los hay populares y los hay más íntimos.

Yepui tendría unos 10 años cuando realizó su primer acto heroico. Estaba en el club. Un club normal, de gente de clase media, con gente como la gente. Era el aula de natación y él junto a sus hermanas, tomaban la clase. Por ser el mayor, llevaba un par más de aulas y consecuentemente ya había aprendido a nadar, mientras que sus hermanas menores todavía necesitaban de flotadores para poder meterse al agua. No había mucha gente en la piscina. Era un día de frío, así que habían faltado casi todos los de la clase. Eran el profesor, ellos 3 y dos chicos más, que tampoco sabían nadar. La clase estaba empezando y por eso, todos estaban sentados en la orilla de la piscina, con los pies metidos en el agua. El profesor, sacaba de a uno en uno a los estudiantes para poder dar una vuelta en la parte menos profunda de la piscina. Uno a uno iban saliendo. El profesor los sostenía junto con el flotador. Generalmente eran 2 profesores, pero este día de frío, con pocos alumnos, sólo había venido uno.

Los primeros en la fila eran los chicos chicos, por lo que Yepui tenía que esperar a que todos nadaran antes que él. Los hermanos no tienden a sentarse juntos, es como que intentan disimular que son familia. Supongo que debe ser una forma inconsciente de supervivencia. Si no saben que somos familia, no pueden usarnos para hacernos daño.

Cuando el profesor había sacado a dar la vuelta a la primera de sus hermanas, le dio la espalada a la fila de chicos en la orilla y entonces, una de sus hermanas, se resbaló y cayó al agua. Sin pensarlo, Yepui se lanzó a salvarla. Ninguno de los dos hacía pie en esa parte de la piscina. Pero él ni lo dudó. En segundos la tenía agarrada del cuello y nadando la acercó de nuevo a la orilla. Nadie lo vió. Fue tan rápido que al acto heroico se lo comió el tiempo. Es más, ni su hermana menor se dio cuenta de que él acababa de salvarle la vida. Con los años, incluso no recuerda el hecho.

Pareciera que desde que pasó eso, las situaciones en las que Yepui realizaba algún acto heróico, y miren que realizó varios, apagó un incendio que hubiese acabado con la ciudad, pero nadie lo vió. Salvó a toda una clase de niños de ser masacrada por un loco, pero ni el loco ni los niños se dieron cuenta. Evitó que una estampida de animales escapados del zoo se comieran a todo un barrio. Sin embargo, eso tampoco lo descubrió nadie.

Al principio le molestaba ser el héroe anónimo que nadie veía. Pero con el tiempo, se fue dando cuenta que lo más importante es lo que uno hace para uno mismo. Sin esperar que los otros se den cuenta. Es un gustito que uno tiene con uno mismo. Una especie de egoísmo benéfico, por llamarlo de alguna forma.

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