99 & 100 / 100

99. 99-100Fikuj.

Despertarse en lugares que uno no espera forma parte del día a día de Fikuj. Desde que cumplió los 11 años, Fikuj no duerme nunca en la misma cama. Todas las noches termina durmiendo en un lugar diferente. Es una especie de nómada del siglo XXI. No es que no tenga casa, es que todos los días pasa algo que le impide dormir en su cama.

Todos los días sucede algo que cambia el rumbo del día y termina durmiendo en cualquier lugar, menos en su propia cama. Hubo momentos en que decidió sacarla, pero al final, siempre tiene la esperanza de que su vida vuelva a ser normal y corriente y pueda dormir dos noches seguidas en el mismo lugar. Sin embargo, todavía eso no pasa.

Parece que el sabor de la aventura es más fuerte que el de la rutina. Porque no hay forma de hacer para que se resista a las oportunidades de dormir siempre en diferentes lugares. Le pasó de todo. Desde dormir en la casa del presidente, hasta esa vez que durmió en el zoológico. No hay casi lugar horizontal donde él no haya dormido.

Hay personas que no pueden salir de casa sin el móvil y la billetera. Para él, lo indispensable es un cepillo de dientes. Supongo que pese a que siempre quiere saborear la aventura, no quiere tener mal aliento por las mañanas.

100. Omiti

Omiti es un tipo normal. Pero ojo cuando decimos normal como algo despectivo o mediocre. Omiti es un tipo que está a los mediados de los 40’s. Acaba de encontrar una paz que venía buscando hace mucho tiempo. Trabaja en un trabajo que pese a que le gusta lo que hace, no le gusta para que lo hace. Se tranquiliza pensando en que gracias a que él tiene este trabajo, puede ayudar a mucha gente a su alrededor. Gente que conoce, que quiere. Que no quiere dejar sola.

No lo hace por ellos, lo hace por él. Le gusta saber que está ayudando. Lo llena. Le infla el pecho y lo hace irse a dormir con una sonrisa todas las noches. Normal. A quién no le gusta hacerle bien a la gente que quiere?

Omiti tiene un hijo. Para él, lo mejor que le pasó en la vida. Le dio rumbo y lo obligó a ponerse las pilas y empezar a hacer en vez de decir que iba a hacer. Sumiti, se llama su hijo y es todo lo perfecto que alguien se pueda imaginar. Omiti lo sabe y se enorgullece cada vez que alguien habla de él.
A pesar de que hace poco se dio cuenta que su hijo no era una extensión de él, sino un ser independiente. Parece fácil de entender, pero cuando sos padre, creeme que no es tan obvio.

La vida le ha dado muchos amores a Omiti hasta que parece que finalmente encontró al que lo llena. Ella es todas esas cosas que él siempre quiso. Todo. Es como si alguien hubiese estado escribiendo todos sus requerimientos y se los pasó a la vida, para que ella la empaquetara y se la dejara en la puerta del destino. Normal.

Omiti no es un tipo de familia. O mejor dicho, no era. No es de extrañar mucho, porque se la pasa pensando ensimismado en su propio mundo. No es que no los quiera o no piense en ellos es que a veces, sus pensamientos lo hacen abstraerse del resto. Es que labura con pensar. No para de pensar. Todo el tiempo. Es como una droga que le llena la cabeza. Quiere pensar y repensar todo. No solamente el trabajo. Todo. La humanidad. La cultura. La vida. El universo. Los misterios. Ideas. De todo. No para de pensar, por eso a veces se cuelga en sus pensamientos y deja que todo lo que le pasa alrededor no sea visible para él. Normal.

Hay una canción de Peaches que dice “Fuck the pain away”. Omiti hace eso casi siempre. Pese a que muchas veces escribe o dibuja cosas que parecen dolorsas, él vive en un completo estado de felicidad. Porque se dio cuenta de todo lo que tiene hace mucho tiempo. Se dio cuenta que tiene una familia fantástica. Un hijo increíble. Un trabajo que no está tan mal. Amigos de puta madre y gente que lo quiere. Cómo no va a vivir feliz? Normal. Un tipo normal.

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